Mundo: Ormuz escala, Reino Unido se sacude y Bolivia roza la emergencia sanitaria
La agenda internacional vuelve a combinar guerra, crisis institucional y tensión social. Estados Unidos e Irán cruzaron nuevos ataques alrededor del estrecho de Ormuz, Reino Unido quedó atravesado por el caso Henry Nowak y Rusia muestra algunas fisuras internas sobre la duración de la guerra en Ucrania. A la vez, Shell enfrenta documentos comprometedores por contaminación petrolera en Nigeria y Bolivia empieza a sentir el impacto sanitario de más de un mes de bloqueos.
Trump presiona a Netanyahu mientras Ormuz vuelve a escalar
Estados Unidos e Irán volvieron a cruzar ataques en una nueva señal de que la tregua alrededor de Ormuz sigue pendiendo de un hilo. El Comando Central estadounidense aseguró que lanzó bombardeos de “autodefensa” contra la isla iraní de Qeshm, en el estrecho de Ormuz, y que derribó drones y misiles dirigidos contra barcos y países del Golfo. Irán, por su parte, afirmó haber atacado bases y helicópteros estadounidenses en represalia, mientras Kuwait denunció que drones iraníes impactaron en su aeropuerto internacional, provocaron daños “significativos” y obligaron a suspender el tráfico aéreo durante la mañana del miércoles.
El episodio llega en plena negociación trabada entre Washington y Teherán, con Donald Trump insistiendo en que Irán “quiere hacer un acuerdo”, pero con el régimen acusando a Estados Unidos de cambiar sus exigencias sobre Ormuz y el programa nuclear. El dato militar también marca el endurecimiento del bloqueo naval estadounidense: según Centcom, seis buques comerciales ya fueron inutilizados y otros 122 redirigidos desde que la medida entró en vigor el 13 de abril. En el Congreso, Marco Rubio negó que Washington haya ofrecido alivio de sanciones a cambio de reabrir el estrecho y defendió que cualquier concesión dependerá del expediente nuclear iraní.
El caso Henry Nowak pone bajo presión a la policía británica
Keir Starmer admitió que existen “serias preguntas para la policía” después de la difusión de imágenes corporales que muestran cómo los agentes actuaron tras el asesinato de Henry Nowak, un estudiante de 18 años de Southampton. El video muestra al joven esposado, diciendo varias veces “no puedo respirar”, después de que Vickrum Digwa, condenado a un mínimo de 21 años de prisión por apuñalarlo con una hoja de 21 centímetros, mintiera a los agentes al afirmar que él había sido víctima de un ataque racista. El caso provocó protestas en Southampton, choques con la policía antidisturbios y una fuerte discusión política sobre los protocolos policiales y el impacto de las acusaciones de racismo en la toma de decisiones.
La ministra del Interior, Shabana Mahmood, calificó los disturbios como “completamente inaceptables” y pidió no convertir la muerte de Nowak en combustible para más odio o violencia, mientras el organismo independiente IOPC investiga la actuación policial y podría presentar conclusiones en los próximos tres meses. La oposición conservadora acusó al Gobierno de responder con tibieza y Nigel Farage habló de una “Britain de dos niveles”, aunque desde Downing Street rechazaron esa idea. La familia de Nowak, en cambio, pidió no utilizar el caso para atacar a la comunidad sikh y denunció que el trato recibido por Henry fue “inhumano y degradante”.
Putin escala en Ucrania, pero el debate ruso empieza a mostrar fisuras
Vladimir Putin mantiene intacta su posición pública sobre Ucrania: no muestra señales de arrepentimiento, insiste en exigir el control ruso de todo el Donbás y responde a cada dificultad militar o diplomática con más presión sobre las ciudades ucranianas. Esta semana, Rusia lanzó otro ataque masivo con misiles y drones justo antes del Foro Económico Internacional de San Petersburgo, una vidriera que el Kremlin utiliza para proyectar fortaleza pese a la guerra, las sanciones y el deterioro económico. La apuesta rusa sigue siendo resistir el desgaste y sostener una guerra que nació como “operación especial” breve, pero que ya entró en su quinto año.
Sin embargo, dentro de Rusia empiezan a aparecer señales de una discusión más incómoda sobre el costo y el horizonte del conflicto. En medios vinculados al establishment, algunos analistas comenzaron a advertir que eliminar al “régimen antirruso” en Ucrania sería imposible sin ocupar militarmente todo el país, algo técnicamente inviable para Moscú. Otros plantean que el peor escenario no sería una derrota, sino una guerra interminable. El límite de ese debate quedó claro cuando un artículo que sugería lecturas históricas sobre derrotas y reformas desapareció de internet con un “Error 404”. En Rusia puede haber conversación sobre el final de la guerra, pero todavía no hay permiso real para discutirla hasta sus últimas consecuencias.
Shell queda bajo presión por la contaminación petrolera en Nigeria
Documentos internos obtenidos por la BBC muestran que Shell continuó operando durante años uno de sus principales oleoductos en Nigeria pese a conocer riesgos graves de contaminación, robo masivo de crudo e incumplimientos de sus propios estándares técnicos. El caso se centra en el Nembe Creek Trunk Line, una tubería de casi 100 kilómetros en el delta del Níger capaz de transportar hasta 150.000 barriles diarios y vendida por la compañía el año pasado. Comunidades locales reclaman en tribunales británicos unos US$1.000 millones, entre compensación y limpieza ambiental, por más de 100 derrames registrados entre 2011 y 2013.
Shell sostiene que gran parte de la contaminación fue causada por sabotajes, robo de petróleo y refinerías ilegales, pero los documentos revelan advertencias internas desde 2008 sobre el riesgo de seguir bombeando en esas condiciones. Un informe confidencial de 2012 clasificó tramos del oleoducto en “rojo”, una categoría que exigía cierre inmediato o acciones correctivas urgentes, aunque la empresa permitió continuar las operaciones. En comunidades como Bille, los habitantes denuncian que la pesca desapareció, que los manglares quedaron cubiertos de crudo y que la empresa priorizó la producción sobre sus medios de vida.
Bolivia, al borde de una emergencia sanitaria por los bloqueos
Bolivia atraviesa una crisis cada vez más profunda tras más de un mes de bloqueos impulsados por sectores afines a Evo Morales contra el gobierno de Rodrigo Paz. La Paz y El Alto quedaron entre las zonas más afectadas por los cortes de rutas, y los hospitales comenzaron a suspender cirugías programadas por falta de oxígeno medicinal e insumos básicos. Las autoridades sanitarias confirmaron que solo se atenderán operaciones de emergencia y que entre 50 y 60 intervenciones deberán ser reprogramadas, mientras algunos centros apenas cuentan con reservas para dos o tres días.
La crisis ya dejó consecuencias humanitarias visibles. La Defensoría del Pueblo registró siete muertes vinculadas al conflicto, 23 heridos y 321 detenidos, mientras el Gobierno informó una nueva víctima asociada a la imposibilidad de recibir atención médica a tiempo. El impacto también golpea a la economía: los cortes alcanzan siete de los nueve departamentos y las cámaras empresarias calculan pérdidas cercanas a los US$2.000 millones. Con escasez de combustibles, alimentos y suministros médicos, la presión crece para que el Ejecutivo y los sectores movilizados habiliten corredores humanitarios antes de que el conflicto derive en una emergencia sanitaria abierta.