Según algunos, las encuestas 2008 y 2019 del Programa Sociedad, Cultura y Religión, del CEIL-CONICET, y la actualización 2026 con la investigadora de opinión pública Management & Fit (mayo de 2026), afirmaron que las personas prefieren relacionarse con Dios por su propia cuenta y predominan las prácticas religiosas en la intimidad.
En este contexto, "alma" incluye a quienes no creen en un Dios personal pero sí en algo espiritual.
Además de ese 8,3%, entre las personas sin religión predominan la creencia en la energía (71%) y en la suerte (55%), mientras que Dios aparece recién en el 7mo. lugar. Esa gente puede decir que sí a “alma” sin decir que sí a “Dios”.
¿Qué es el "alma" hoy día?
Los cristianos
Según la sociología y la antropología de la religión, un estándar de "alma" podría significar:
- Lo que sobrevive a la muerte, la idea de que algo de la persona continúa.
- La esencia de cada uno, “lo que uno realmente es”, distinto del cuerpo.
- La vida interior: emociones, conciencia, conciencia moral.
- Una “energía” personal, en clave más espiritual que religiosa.
Hay una convención que dice que Latinoamérica es, por tradición, una región Occidental y cristiana.
Sin embargo, los cristianos discrepan acerca del significado de "alma".
Para los católicos apostólicos romanos, el "alma" es espiritual y separable del cuerpo, y es inmortal porque se relaciona con su concepción del estado tras la muerte (juicio, purgatorio, cielo/infierno).
Pero otros cristianos creen que el "alma" es inseparable del cuerpo, la inmortalidad es un don futuro y el estado luego de la muerte es “como un sueño”.
En parte, el concepto de "alma" que predomina en Occidente deriva de una mezcla de creencias de las escuelas filosóficas de Atenas y de escuelas judías.
Platón es quien más moldea la idea popular: el alma es distinta del cuerpo, es lo más propio de la persona y es inmortal. El cuerpo sería una especie de cárcel o vehículo pasajero.
Pero Aristóteles decía que el alma es la 'forma' del cuerpo, su principio de vida, y salvo quizás el intelecto, no sobrevive a la muerte.
El cristianismo temprano, con Aurelio Agustín de Hipona -para los católicos, San Agustín-, fusionó conceptos; más tarde Tommaso d'Aquino -para los católicos, Santo Tomás- lo reelaboró con Aristóteles: el alma espiritual e inmortal que cada Dios crea para cada persona.
Descartes, con su dualismo entre mente y cuerpo, reforzó la idea de la separación.
Pero en tiempos recientes, ingresó a escena el budismo, y va en la dirección contraria. Su doctrina del "anatta" (no-yo) sostiene que no existe un Yo permanente e inmutable. Lo que “renace” es un flujo de causas y condiciones, no un "alma" que viaja de cuerpo en cuerpo.
Sin embargo, en el uso cotidiano y "laico", el "alma" resulta la esencia o la vida interior de una persona (“pone el alma en lo que hace”, “una persona sin alma”), sin compromiso con ninguna vida después de la muerte.
Los hebreos
En defensa de los disensos entre cristianos acerca del "alma" hay que mencionar que, sin embargo, los hebreos o judíos tenían escuelas rabínicas que discrepaban al respecto.
Los textos de la Biblia hebrea (Tanaj) en general refieren a “nefesh” como la persona viva, o su aliento y su vida, y no una parte inmortal separable del cuerpo. Los muertos descienden al sheol, un lugar de existencia sombría, sin una recompensa o castigo claros.
Pero tampoco hay uniformidad. En el judaísmo del 2do. Templo (siglo III a.C. al siglo I d.C.),
- Los Saduceos negaban la resurrección y, según las fuentes, también la supervivencia del alma y la retribución después de la muerte;
- Los Fariseos afirmaban la resurrección y la retribución en el más allá;
- Los Esenios creían en almas inmortales, con una descripción que coincide en parte con las ideas de Platón, aunque algunos atribuyen esto al relato que nos llega del historiador Flavio Josefo.
Saduceos y fariseos discrepaban sobre aspectos teológicos y culturales.
Una conclusión
En la encuesta mencionada, la brecha es chica: 76,9% cree en el "alma" y 70% en Dios. Eso implica que la mayoría de quienes creen en Dios también cree en el "alma", y que el excedente sería gente que cree en el "alma" sin creer en Dios.
Esto se explicaría porque hay un universo que se autopercibe con espiritualidad sin Dios: el 8,3% cree en una energía u orden superior sin creer en Dios. Y en la encuesta de Conicet 2019, entre las personas sin religión predominaban la energía (71%) y la suerte (55%), con Dios recién en el 7mo. lugar (28,6%).
Entonces, para algunos, el "alma" conserva lo que muchas personas anhelan: algo valioso e irreductible, que la muerte no puede quitar porque no sería el final. Es un anhelo de inmortalidad que existía aún antes de Egipto; y en el siglo 21 es un concepto flexible: un Dios sin doctrina y sin institución, con quien relacionarse “por su cuenta”.
Los sociólogos lo llaman 'believing without belonging' (espiritual pero no religioso).
Entonces conviven 3 grupos:
- quienes creen en "alma" y Dios como parte de una unidad,
- quienes conservan el "alma" como residuo o reemplazo espiritual de Dios, y
- quienes la usan en sentido laico.
Pero al final de cualquier historia, los cristianos creen que "por sus frutos los conoceréis".
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