Por medio del nuevo sistema, se instrumentarán incentivos fiscales en las contribuciones patronales que pagan los/as empleadores/as radicados/as en las provincias del Norte Grande (Catamarca, Chaco, Corrientes, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, Santiago del Estero y Tucumán), a fin de corregir las asimetrías regionales en favor de las zonas más postergadas.
El anuncio del Presidente no deja de ser un homenaje a Domingo Felipe Cavallo, quien en la década del 90 -como ministro de Economía- promovió la reducción de los costos laborales de las empresas para facilitar la creación de empleo registrado.
Cavallo es un viejo conocido de Fernández. En el año 2000 resultó electo por la lista de legisladores porteños que encabezó quien luego sería también ministro de Economía de la Alianza. Gustavo Béliz -hoy en el Gabinete- también fue parte de esa nómina.
En el kirchnerismo todo lo que tenga que ver con Cavallo es reprochable por considerarlo "neoliberal". De hecho, en 2017, cuando Mauricio Macri incluyó la reducción progresiva de los aportes patronales en su proyecto de reforma tributaria, quienes respondían a Cristina Fernández se opusieron férreamente.
El entonces diputado Axel Kicillof denunció en el recinto que se trataba de “una reforma neoliberal donde se bajan los aportes patronales y ponen esa carga tributaria en los consumidores”. “Es una falacia y una mentira porque esta reforma es para sacar impuestos a las corporaciones, y ponen de mascaron de proa a las Pymes”, dijo el actual gobernador bonaerense.
Por otro lado, Hernán Lechter, director del CEPA, un centro de estudios económicos cercano al Instituto Patria, consignó en un artículo del diario Página12 de 2018 (tendiente a desacreditar la reforma macrista) que la medida de Cavallo y que ahora emula Alberto Fernández para las provincias del Norte cómo estímulo para la generación de empleo no funcionó.
"La reducción de contribuciones patronales aplicada en 1994 por Cavallo, o también denominada “devaluación fiscal” que pretendió compensar los efectos económicos perversos de la rigidez cambiaria, no significó una mayor contratación de mano de obra sino que acrecentó las ganancias del sector empresario. Las contribuciones patronales totales al sistema pasaron del 33 por ciento en 1994 al 17,8 por ciento promedio en el 2000. Resulta ilustrativo que uno de los picos de la tasa de desocupación tuvo lugar en 1994, con un 19,4 por ciento de desocupados", sostuvo Lechter.
"Por otro lado -continuaba el economista- la reducción de aportes desfinanció al Estado. Por la rebaja de las contribuciones patronales implementadas a partir de 1994 el Estado dejó de recaudar 47.939 millones de pesos. Si se actualiza dicho monto por la inflación (al año 2005), el monto total acumulado no ingresado a la Seguridad Social rondaría los 80.000 millones de pesos. De ese total, en 2005 más de la mitad correspondía al sistema jubilatorio, mientras que el resto se repartía entre asignaciones familiares, Fondo Nacional de Empleo, PAMI y Obras Sociales, según datos de la Secretaría de Seguridad Social".
No obstante, el Presidente encontró en este instrumento con reminiscencias noventistas una contribución a que “cada argentino pueda desarrollarse allí donde nace y pueda encontrar allí todo lo que necesita para su felicidad".
“He visto cómo el Norte fue sistemáticamente olvidado y cayendo en sus posibilidades de crecimiento, en estos últimos años más que en ninguno”, añadió el primer mandatario, sin dejar pasar una crítica al período macrista.