Incluso en el entorno de Macri se entusiasman con forzar a Alberto a buscar un acuerdo político-parlamentario después del 10 de diciembre, cuando también se integrará el nuevo Congreso.
Aunque Macri deberá discutir primero el liderazgo del espacio con Horacio Rodríguez Larreta, quien no tendría problemas para renovar mandato en la Ciudad de Buenos Aires y con la previsible derrota de María Eugenia Vidal sería el único PRO victorioso y con territorio. Por eso resulta más importante para el Presidente mejorar su caudal electoral. De aquí que se entiende la frase que dijo en el cierre de campaña en Córdoba: "El Gato nunca se va a ir", una oración que encierra el reconocimiento de una muy posible derrota que se avecina, pero un aviso a los propios sobre su convencimiento de continuar dentro del espacio y en disputa de su liderazgo.
La mejora del porcentaje de votos de Macri también tiene fines prácticos, además de los psicológicos. Repercutirá en la conformación del Congreso. Hoy Cambiemos con sus aliados suma poco más de 100 bancas en Diputados. En el oficialismo aspiran a no caer de ese número, que representa una presencia ineludible para cualquier oficialismo y lo obliga a sentarse a negociar. Desde allí Juntos por el Cambio pretende reinventarse después del 10 de diciembre, y Macri ya habría avisado que quiere ser el líder de ese espacio.
Alberto Fernández también tiene su interna de poder. Su aspiración es superar el 54% que Cristina Kirchner logró en 2011 para tener autonomía y despegarse de los dictados del Instituto Patria.
Algunos sondeos confirman que Alberto lograría superar el 54% de los votos, pero no por mucho ni tampoco son muchos los encuestadores que se animaron a asegurarlo.
Según un estudio de la consultora D' Alessio Irol-Berensztein, realizado días atrás, la mayoría de los consultados, en un eventual gobierno de Alberto Fernández, considera que las decisiones las tomará su compañera de fórmula, Cristina Fernández de Kirchner.
Si bien se muestra cierta paridad, a la pregunta ¿Quién gobernará en realidad?, prevalece la respuesta "Cristina", con el 45%, por sobre "Alberto, con el 41%. El desgloce revela que el 29% cree que la ex presidenta tomará el 100% de las decisiones, y otro 16% sostiene que CFK asumirá el 75% de la responsabilidad. En el caso del candidato del Frente de Todos se divide en 30% que creen que tomará todaslas decisiones y un 11% que considera que sólo lo hará en un 75% de los casos.
El otro punto para medir la elección de Alberto es Córdoba, porque aunque pierda ante Macri quiere hacer la mejor elección desde 2007 o 2003 del peronismo. Eso también superaría la marca de Cristina, y mostraría que se trataría de una ganancia propia.
Pero el caso más paradigmático sería Mendoza. Allí la candidata a gobernadora fue la senadora Anabel Fernández Sagasti. Era la ‘niña mimada’ de Cristina y terminó sufriendo una dura derrota después de que en las PASO se posicionara con chances de arrebatarle la gobernación a los radicales.
Ahora Alberto, que acompañó de todos modos a Fernández Sagasti en su campaña (se recuerda el cierre con la presencia de los gobernadores peronistas asistiendo en sus aviones) aspira a ganar en esa provincia dejando en claro que allí donde Cristina no pudo, él podrá.