Sucede que hay vuelos internacionales habilitados a arribar a esas estaciones aéreas que tienen vuelos de contrapartida por la bilateralidad vigente en el sistema aerocomercial global.
A esta altura de su carrera, Tamburelli debe saber que nada es gratis en el competitivo mercado global en crisis por la pandemia.
En el caso de Aerolíneas Argentinas, en el marco de la Decisión Administrativa 219, se dispuso la reducción de frecuencias durante marzo y abril. Se cancelaron vuelos a destinos en Brasil como Rio de Janeiro; Sao Paulo y Florianópolis. También hay menos frecuencias a Santiago de Chile, Miami y Madrid.
American Airlines aseguró que su plan es reducir sus vuelos desde Buenos Aires hacia Dallas Fort Worth.
American Airlines tendrá este mes de abril su flota completa en el aire, intentando normalizar todos sus vuelos. Le resulta imposible cumplir con lo que es el objetivo de la ANAC: que reprograme los horarios para permitir ese arribo espaciado que precisa en Ezeiza.
En verdad, ninguna compañía aerocomercial o estadounidense o europea aceptará semejante imposición argentina por que les obliga a reprogramar muchos otros vuelos propios.
¿Quién desea una Argentina aislada del mundo?
Probablemente la panameña COPA resulte la más dócil a la exigencia argentina.
Pero, en general, les resulta más sencillo eliminar temporalmente los vuelos, o sea suprimir la ruta con Ezeiza, lo que a su vez puede tener consecuencias sobre el servicio de Aerolíneas Argentinas porque las rutas son, otra vez hay que recordarlo, de contrapartida: una compañía puede volar a un país porque ese país permite que una compañía de ese país pueda realizar el vuelo inverso.
Es de imaginar que, al final de la puja, todo terminará tal como es previsible al día de hoy: que sea Aerolíneas Argentinas quien reprograme sus vuelos que son muchos menos que los de American Airlines, Iberia, LATAM, etc. etc.
Cabe preguntarse, entonces, para qué recorrer el camino más difícil y de final ya escrito.