El tigrense intentó desde el primer minuto en el cargo darle su impronta propia con un perfil más elevado que su antecesor en la conducción de sesiones. Sin embargo, tropezó al principio cuando no pudo cumplir con algunas promesas a la oposición ya que no recibía información precisa en el Gobierno nacional sobre lo que querían del Congreso.
Fue el caso de la ley de emergencia votada en diciembre pasado. Massa creía que sería mucho más suave de lo que terminó siendo y que además el nuevo gobierno enviaría su proyecto de Presupuesto, lo que recién ocurriría en marzo.
También el tigrense prometió una sesión a mediados de enero que nunca se realizó.
Paralelamente, empezó a dejar algunos hitos de gestión interna: firmó con Cristina Fernández una resolución para que el personal que ingresa con un legislador se retire con él y engrose la plantilla de empleados del Congreso y congeló los sueldos frenando las críticas de la sociedad a las dietas que cobran los legisladores en medio del debate de la ley de solidaridad del gobierno de Alberto Fernández.
También Sergio Massa anunció cambios en el reglamento de la Cámara de Diputados para que no haya sesiones durante la noche con el propósito de que las resoluciones que tome el Congreso no se terminen tomando en horas de la madrugada cuando no hay atención del público o de los medios de comunicación. Apunta a regular las mociones de privilegio y los homenajes que suelen demorar el tratamiento de los proyectos de ley cuando se inicia cada sesión. Además, propondrá que las sesiones se interrumpan a las 22 horas y que se reinicien a la mañana sin necesidad de volver a reunir quorum.
Pero lo más importante es el rol político del presidente de la Cámara. Massa consiguió sortear exitosamente la sanción de la ley de emergencia en diciembre y fue clave para acercar los votos de Juntos por el Cambio en el proyecto de renegociación de la deuda externa, que cosechó 224 voluntades a favor. Además, se debatió un tema espinoso para los diputados oficialistas y opositores, sin escándalos con excepción de algún cruce verbal menor.
También Massa se ocupa de las bloques menores en su búsqueda de consensos para las leyes que envía el Poder Ejecutivo.
El problema lo tiene con La Cámpora que maneja la Secretaría Administrativa y por lo tanto la ‘caja’ en Diputados. Aunque tiene buena relación con Máximo Kirchner y junto con Mario Negri han entablado una buena relación que llevó a buen puerto la media sanción de la ley de renegociación de la deuda. Massa hizo 2 reuniones en su despacho con opositores y luego con funcionarios del Gobierno nacional para sellar el apoyo de la oposición a la norma a cambio de una mesa de discusión de las deudas provinciales.
Pero los grandes desafíos están por venir, como el tratamiento del Presupuesto y especialmente la polémica reforma judicial. Esos temas pondrán a prueba la gestión de Massa.