Este último punto parece haberlo perdonado cuando en el acto de la exESMA, elogió la gestión de Alberto Fernández a pesar de la peste y la gestión macrista.
A Cristina también le molesta que la pongan en una situación de tener que llega a desempatar en un tema que nunca tuvo entre sus convicciones y que en 2018 confesó que fue su hija quien la convenció de votar a favor de la IVE.
A eso se sumó el encono con la secretaria de la Presidencia Vilma Ibarra, quien estuvo detrás de la redacción del proyecto y se muestra públicamente como su impulsora junto con Alberto Fernández.
De hecho estuvo en Diputados la madrugada de la media sanción y mostró especial interés por los votos en el Senado y las gestiones que se veían realizando allí.
Cabe recordar que Ibarra fue autora de un libro muy crítico de la gestión de Cristina Fernández titulado “Cristina Vs. Cristina”.
Por último, está la relación con el Papa Francisco, que era muy buena durante la presidencia de Cristina pero recientemente Bergoglio contó en una carta que trascendió a los medios que no había tenido contacto con Fernández ni con Macri desde que ambos terminaron sus mandatos presidenciales.
Se desconoce actualmente la profundidad de ese vínculo y la importancia para ambos en el terreno político.
Con todos estos antecedentes, es entendible que Cristina se muestre prescindente al momento de juntar los votos en el Senado. Pero da algunas señales. Por ejemplo: giró a 3 comisiones la IVE y no a 4 o más, lo que hubiera demorado el debate y sería indicio de desinterés por agilizar el tema.
Luego, puso en cabeza del tratamiento en comisiones a la Banca de la Mujer, que preside la senadora ‘verde’ Norma Durango en desmedro de Salud (que la preside un ‘celeste’ y opositor como Mario Fiad, aunque en el mundo parlamentario pesa más el color político) y de Justicia donde está al mando su mano derecha Oscar Parrilli.
Además, CFK revalorizó la comisión Banca de la Mujer y le hizo un guiño a los sectores feministas y partidarios del aborto que tienen peso en el kirchnerismo.
Son cuestiones sutiles. Pero hay más.
La ultracristinista senadora Anabel Fernández Sagasti es quien se ocupa de juntar los votos para que salga el aborto, dentro del Frente de Todos y también lleva el ‘poroteo’ junto con el ‘verde’ opositor Luis Naidenoff.
Fernández Sagasti nunca haría una movida de ese estilo sin la venia de Cristina y menos con un opositor.
En el bando ‘celeste’ quien opera contra el aborto legal es el jefe de la bancada del oficialismo, José Mayans, quien recientemente ratificó su total rechazo a la iniciativa de la Casa Rosada en una entrevista periodística del fin de semana.
Mayans también haría su movida con venía de Cristina o al menos sin desautorización de ella, pero en los últimos días se dice en los pasillos del Senado que le habría pedido que frene esas gestiones.
Habría dos consignas que Fernández Sagasti estaría bajando a los senadores del FdT: que Cristina no tenga que desempatar y que no se pierda la votación.
No se sabe si la vicepresidenta no quiere que la Casa Rosada pierda o que sea ella quien pierda una votación, especialmente a pocos días de difundir un documento donde autoproclamó la gestión qué más hizo trabajar al Senado en los últimos 13 años.
En cuanto a los números, varían: 33 a 33, 35 a 33 a favor de uno y otro bando, 36 a 33, etc. Todas las cifras que se manejan coinciden en algo: que la diferencia es de un par de senadores aproximadamente y que definirán los que todavía no plantearon su posición o pueden cambiarla.
Entre ellos están:
Lucila Crexell, la única senadora que se abstuvo en 2018 y sigue sin decir cómo votará pero por sus declaraciones en los medios apunta al positivo: “Esta vez hay mayor vocación de gente a favor en el Senado, que hace dos años", dijo el 19/11.
Silvina García Larraburu fue la única del antiguo bloque cristinista que votó en contra en 2018 y la presionan para que cambie o se abstenga. En recientes reclaraciones al portal Río Negro dijo que el debate por la despenalización del aborto “se da en un contexto muy distinto” al de hace 2 años y añadió sugestivamente: “estamos analizando la letra chica. Ahora hay un gobierno que apoya y apuntala la salud de una manera categórica”.
Juan Carlos Marino votó negativo en 2018 pero ahora podría cambiar de parecer. Lo mismo se dice de Guillermo Snopek y del catamarqueño Oscar Castillo. Todos votos ‘celestes’.
Carlos Menem se desconoce si se conectará a la sesión vía remota por cuestiones de salud y presiones oficialistas. Había votado en contra en 2018. Otro dado es que su hija Zulemita milita con los celestes.
Sobre la jujeña Silvia Giacoppo se decía que podía abstenerse dada la relación del gobernador Morales con el Gobierno nacional pero recientemente declaró que se mantiene ‘a favor de la vida’. La misma duda recae sobre su compañero Mario Fiad.
Los entrerrianos Stella Maris Olalla (dijo hace un mes que “nadie puede obligar a una persona a hacerse un aborto o a no hacerlo”) y Edgardo Kueider se mantienen en la incógnita.
Y se dice que el Gobierno nacional busca cambiar los votos o hacer que se ausenten Carlos “Camau” Espínola y el catamarqueño Dalmacio Mera.