Nada extraordinario se esperaba de esa videoconferencia que el Senado transmitió en vivo y se podía seguir por Youtube.
La sorpresa vino cuando el invitado a exponer ante el plenario de tres comisiones, el ministro de Salud Ginés González García, empezó a criticar la iniciativa que ya tenía media sanción en Diputados y es impulsada por el Frente de Todos con la intención de sancionarla esta misma semana.
Ginés dijo que muchos artículos de la norma eran "inaplicables" y que "esta ley, como está, no resuelve el problema: va a generar una maraña judicial", a la vez que desaconsejaba la sanción y recordaba que sido aprobada por la Cámara de Diputados "en la última sesión" del año pasado y "sin ningún proceso de análisis" a nivel de comisiones.
“Me parece que es una muy buena intención pero muy poco posible de ser aplicada por el valor del tratamiento (300 mil dólares)”, disparó González García.
Es más, el ministro incluso mencionó que “el presidente y la primera dama, por la vocación social que tienen, es obvio que el tema salud les interesa. Lo que opino es que esto no es una solución”.
Sorprendidos por el rechazo del ministro a una iniciativa que se proponían convertir en ley y de las críticas que Ginés le hacía a un tema que el propio Presidente y la primera dama impulsaron públicamente, casi desautorizando al primer mandatario, los senadores del oficialismo ya se disponían a ‘cajonear’ el tema.
Antes de terminarse el debate, tomó la palabra la senadora ultracristinista Anabel Sánchez Sagasti que contó una conversación entre el Presidente y la Vice, que dejó expuesta otra interna: “El oficialismo tiene la voluntad de firmar el dictamen tal cual está. El Presidente de la Nación se acaba de comunicar con Cristina Fernández de Kirchner y le ha pedido que el oficialismo de esta casa firme, tal y como está, el dictamen con media sanción de Diputados”.
Y para no dejar a Ginés públicamente abochornado, aclaró que “los inconvenientes” que había mencionado en referencia a la iniciativa se iban a resolver en la reglamentación de la misma: “…las correcciones o inconvenientes que recién acaba de plantear el ministro de Salud de la Nación van a ser corregidos mediante decreto por el mismo Presidente de la Nación".
El episodio se cerró allí pero generó algunas preguntas que el devenir político podrá ir contestando. Por caso, ¿Ginés no está respondiendo a Alberto Fernández? Evidentemente no consultó con el Presidente sobre lo que iba a decir sobre el tema y menos con Cristina que termina dando la orden de que sus senadores aprueben una norma que él estaba desaconsejando sancionar.
Luego, Alberto tiene que llamar a Cristina para que los senadores se encolumnen detrás de una ley que trata el Senado y en la que él tiene particular interés.
El oficialismo podría decir que el Presidente quiso respetar al Poder Legislativo y a su titular sin hablar directamente con los legisladores, pero esto también parece evidenciar que los senadores sólo responden a un llamado de la titular del Senado.
Entonces pareciera que al final, Alberto no conoce la posición de su ministro, desconocía que iba a pedir que no se vote un proyecto de ley que él y su pareja defendieron públicamente, Ginés tampoco le avisó sobre lo que haría en el Senado y los senadores tampoco tenían una línea clara sobre qué actitud tomar al respecto hasta que Cristina no se los diga, lo cual se preocupó en que Fernández Sagasti aclarara públicamente.