Siempre que se apunta a ampliar la Corte o cambiar a alguno de sus miembros, la lectura política es la búsqueda de control por parte del gobierno de turno sobre la Justicia.
Quizás por ese motivo no estuvieron presentes los integrantes del máximo tribunal en el anuncio del Presidente, que tenían excusas razonables para no estar ya que algunos no se encontraban en la Ciudad de Buenos Aires.
Sólo acudió al acto de anuncio Elena Highton de Nolasco, muy cercana a Alberto Fernández.
En el Salón Blanco de la Casa Rosada, estuvieron también junto con Fernández el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; la ministra de Justicia y Derechos Humanos, Marcela Losardo, y también quienes serán parte del consejo asesor: Carlos Arslanián, María del Carmen Battaini, Carlos Beraldi, Andrés Gil Domínguez, Raúl Ferreyra, Marisa Herrera, Hilda Kogan, Omar Palermo, Claudia Sbdar e Inés Weimberg de Roca.
Fueron llamativas las ausencias de Gustavo Béliz y Vilma Ibarra en ese acto, quienes fueron decisivos en la redacción del proyecto que presentó el Presidente.
Alberto Fernández tampoco estaría totalmente convencido de esa reforma.
Por estos días circuló un video de 2016 cuando el ahora Presidente sostenía que la Corte Suprema debía tener 5 miembros, como actualmente ocurre.
“La Corte es una institución del país. Nació con cinco miembros. Cristina tuvo el mérito de volver a cinco miembros, para que no se juegue con el número de jueces para tener jueces adictos... La Corte tenía cinco miembros, y debe tener cinco miembros. El resto es todo una fantasía", dijo en una entrevista en la TV Pública.
Más allá de esos dichos del pasado y de las contradicciones, la ausencia de Béliz e Ibarra en el anuncio de la reforma ratificaría que Alberto sigue sin convencerse de la iniciativa como para darle su aval con funcionarios de su riñón.
Y más allá de las intenciones que pueda tener Cristina Fernández en cuanto a las causas judiciales que le preocupan y que no se terminan de cerrar, en definitiva la Reforma Judicial es una reforma que sólo apunta a la parte ‘federal’ de la Justicia.
Es decir: delitos federales como el terrorismo, el narcotráfico y la corrupción.
Delitos que al final no le cambian la vida a la gente que mantiene una pésima percepción de la justicia porque considera que es permeable a los intereses políticos, económicos y de los gobierno de turno, sin mencionar que en los casos que los afectan más inmediatamente como del delito callejero demoran mucho en sus sentencias y parecen siempre más proclives a la liberación de los detenidos.
En suma, la reforma sólo apunta a delitos federales, que suelen ser lejanos para el ciudadano más preocupado por la delincuencia que está en aumento por estos días por las consecuencias económicas de la cuarentena.