La agencia de noticias también destaca: “Los funcionarios en Buenos Aires han estado moderando las expectativas sobre un acuerdo, y el presidente Alberto Fernández dijo recientemente que no quiere apresurar las conversaciones. Todavía tiene que enviar un plan económico detallado al FMI o incluso a los principales líderes de su coalición, un paso clave para hacer avanzar la negociación, según otras dos personas familiarizadas con la situación, que también pidieron no ser identificadas”.
En esa línea, se destaca la cuestión electoral: “Anunciar un acuerdo con el Fondo, que probablemente incluirá promesas de austeridad fiscal, puede perjudicar la posición de la coalición gobernante en un país donde se suele culpar al FMI de su recurrente crisis económica”.
Y el Gobierno ve algunas variables macro favorables para ese retraso en cerrar con el Fondo según mencionó el mes pasado Bloomberg News: “puede sentirse envalentonado para seguir ese camino después de una serie de golpes de suerte, incluidos precios más altos de la soja y fondos potencialmente nuevos del FMI. Argentina está considerando usar nuevos activos de reserva del Fondo, conocidos como derechos especiales de giro, para pagar un vencimiento de capital de US$ 1.900 millones adeudado al prestamista en septiembre si no puede llegar a un acuerdo para entonces”
Pero surgen otras amenazas: “se proyecta que la inflación alcanzará casi el 50% este año y el desempleo es de dos dígitos. La reestructuración de la deuda de US$ 65.000 millones del gobierno con acreedores privados el año pasado no aumentó su credibilidad, y los bonos ahora están en territorio basura nuevamente. El país no tiene acceso al crédito externo, lo que lo obliga a imprimir dinero”.
Por último, Bloomberg plantea las dudas que hay entre algunos integrantes del FMI sobre la conveniencia de postergar el acuerdo para el tiempo poselectoral: “A algunos funcionarios les preocupa que la economía esté en peor forma para fin de año sin una hoja de ruta de política creíble pronto. Tampoco está claro si Fernández tendrá más consenso político para negociar una vez que las elecciones estén atrasadas”.
Sin el ajuste del FMI en 2021, se abre completamente el camino para que Cristina Fernández imponga su estrategia de emisión monetaria y desacople de tarifas –entre otras medidas- que va unida al denominado ‘alivio fiscal’ que se debate en Diputados por impulso de Sergio Massa.
Pero inyectar pesos para generar consumo y así cambiar el humor social no viene acompañado de medidas para evitar que se dispare la inflación.
El Frente de Todos ya debería haber aprendido esta lección, que ellos mismos hicieron notar en 2019 cuando argumentaron –quizás con razón- que el fracaso de Mauricio Macri había sido la inflación persistente que originó caída del salario y por último un aumento de la pobreza que derivó en su derrota electoral.
Todo el esfuerzo del Estado por emitir dinero y poner plata en el bolsillo de la gente por otra vías se lo puede terminar ‘comiendo’ la inflación, provocando también un aumento en la conflictividad social en una elección de medio término donde el votante suele tener más propensión a castigar al poder de turno. Y el kirchnerismo sabe eso, ya que no gana una elección legislativa desde 2005.