Pero el mensaje no sólo apuntó contra Larreta, sino que es un llamado de atención para Alberto ante de recibir al mandatario de la Ciudad: ¿cómo ceder o consensuar con alguien que pretende una rebelión?
Así las cosas, no queda claro por qué el Presidente recibe al jefe de Gobierno porteño. Más allá de la formalidad de aceptar el pedido que fue hecho público y no aparecer ante la opinión pública negándose al diálogo, no está en condición de ofrecer ningún matiz en las decisiones que tomó y que Larreta públicamente en conferencia de prensa le pidió revertir, especialmente el regreso a las clases virtuales.
De hecho, el jefe de gobierno ya apeló a la judicialización, descartando cualquier acuerdo político de antemano, al menos en el corto plazo.
Larreta pidió diálogo y habló de una metodología de acuerdo rota con el Gobierno nacional después de que Alberto anunció las últimas medidas sin consultarle. Quizás esa sea la única demanda que el Presidente esté en condiciones de aceptarle: que a futuro habrá consulta con el gobierno de la capital federal. El problema es si sería creíble.
Pero, nuevamente, es un misterio si el primer mandatario tiene la libertad suficiente de hacer esas concesiones bajo la atenta mirada de Cristina Fernández, que lo harían mostrar en el año electoral una sintonía fina con el “amigo” Horacio, como lo llamaba en el 2020 cuando no había elecciones y la pandemia empezaba.
A Rodríguez Larreta le ocurre algo similar. También está presionado por el ala dura de su coalición política. Su discurso del jueves (15/4) fue el más fuerte que se le haya escuchado en mucho tiempo o quizás nunca desde que gobierna la Ciudad. Su determinación es lo que el sector de Patricia Bullrich esperaba. La titular de PRO hace las veces de Cristina dentro de Juntos por el Cambio, donde tiene un ascendiente cada vez mayor y evalúa opciones electorales. Claro que Larreta no le debe su cargo ni los votos, como sí Alberto a Cristina. Pero, al final, el jefe de gobierno porteño sabe que no puede ceder después del paso que dio en la conferencia de prensa al enfrentar las medidas nacionales.
Sin posibilidades, a priori, de que ninguno de los dos pueda ceder en sus posiciones, la reunión entre Horacio y Alberto está envuelta en puro escepticismo y corre riesgo de quedar en reproches mutuos: de Larreta porque no le consultaron las medidas que se adoptarían en su distrito y de Alberto porque lo culpa de no haber cumplido algunos acuerdos relacionados a la gestión sanitaria.
Mientras tanto, la gente intentará sortear las restricciones en el primer fin de semana en el que impera la nueva cuarentena y organizar la vida con los chicos en casa desde el lunes.
Pero también se instala una última sospecha: que la cumbre de Olivos sólo termine sirviendo para quitar durante todo el fin de semana del debate público el problema de las vacunas ante la amenaza del avance de las bajas temperaturas.