Tras la negativa de Lavagna, la promesa de campaña de Alberto se fue deshilachando entre la pandemia, la renegociación con los bonistas, con el FMI, y ahora los acuerdos de precios y salarios en reuniones que encabeza el denominado Gabinete económico.
En ese contexto, sigue sin entenderse la utilidad del Consejo Económico y Social. Si el propósito es propiciar políticas y estrategias, para eso se está intentando acordar con el FMI, con quien habrá compromisos que cumplir que afectarán a la gestión económica.
Luego, sobre la inflación –la principal preocupación del Gobierno nacional por cómo afecta a la economía y en año electoral- ya se está avanzando en acuerdos con empresarios y sindicatos por precios y salarios en las reuniones que encabeza el ‘gabinete económico’. Se supone que esos encuentros desembocarán en la integración del Consejo que reunirá a todos los actores, pero ya hay definiciones como el anuncio de no poner techo a las paritarias y el acuerdo con el precio de la carne así también como la promesa de no subir las retenciones al campo.
En su preocupación por los precios, el Gobierno también salió a controlar los supermercados con militantes y creó un nuevo organismo en la órbita de la Secretaría de Comercio Interior, encargado de monitorear el cumplimiento de los compromisos por parte de los empresarios.
Tampoco es promisorio que el CES se cree por decreto presidencial y luego se busque consenso en el parlamento para una ley, eludiendo el aval de la oposición.
En cuanto a la integración, en el Frente de Todos no hay unanimidad sobre los objetivos del Consejo, la CGT desconfía y lo mismo pasa con los empresarios. Ninguno de ellos puede decir qué medidas apunta a adoptar el organismo, si avanzará en una reforma tributaria, coordinación de planes sociales, aunar criterios sobre tarifas, planes de empleo, etc. Todo y nada, al mismo tiempo.
A pesar de las dudas y desconfianzas, Beliz trabaja en sumar figuras al Consejo que no sólo provengan del sindicalismo y el empresariado. Luego, una vez terminen las reuniones para el acuerdo de precios y salarios, se anunciará la creación del Consejo.
La idea es no mezclar ambas cuestiones, ya que crearía más confusión y dudas sobre el propósito del Consejo, al que adjudican el abordaje de problemas estructurales de la Argentina.
Por eso, fuentes de la Casa Rosada desestiman que el CES trate temas de coyuntura, aunque eso le quitará rápidamente interés. Una de las expectativas de ese organismo era, por ejemplo, crear un fondo de desempleo. Pero, como se dijo antes, también se está acordando con el FMI y este año el ministro Martín Guzmán ya no quiere más gasto público, por eso se cortaron beneficios como el IFE.
Sobre el conductor del Consejo, algunos en el Gobierno se ilusionan con que Lavagna cambie de idea y se sume. Pero en los últimos días circularon versiones sobre un ofrecimiento a Alberto Barbieri, rector de la UBA o Ricardo Alfonsín.
Por lo pronto, todo indica que será Béliz, quien trabaja en los integrantes de sectores empresarios, gremiales, de movimientos sociales y referentes de la Iglesia.
"Estamos en un momento en donde necesitamos tener una CGT fuerte, que discuta de igual a igual en este Consejo Económico y Social para no dejar librada la agenda a las corporaciones o solamente al sector empresario", dijo el bancario Sergio Palazzo.
El presidente Alberto Fernández invitó a las entidades del Campo a formar parte del Consejo Económico y Social, reveló Carlos Iannizzotto de Coninagro y el titular de la Sociedad Rural Argentina, Daniel Pelegrina, confirmó que el campo se sumará.
Por su parte, el titular de Cáritas, el obispo Carlos Tissera “un gran acuerdo estructural que no sea simple cosmética”.