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Alberto Fernández vs. CFK: Se vino el estallido

No es sólo la economía. La asistencia social no puede salvar al gobierno pero CFK cree que sí y Alberto Fernández dice que ella también es culpable.

La explosiva jornada de este miércoles 15/09 en la cima del gobierno del Frente de Todos no hace más que confirmar las especulaciones previas de lo que vendría si el resultado era adverso. Al poner a disposición la renuncia de los ministros que responden a Cristina Fernández de Kirchner (CFK) se interpretó como una apriete al jefe de Estado, Alberto Fernández, para despedir a quienes la vicepresidente había picado el boleto: Santiago Cafiero, Martín Guzmán y Matías Kulfas. En otra bolsa pero en la misma expulsión, Juan Pablo Biondi y Julio Vitobello.

Otra mirada habla de cierta debilidad de ella al no poder ordenar/disciplinar a Fernández en privado. Las declaraciones pidiendo una mayor radicalización del rumbo no aseguran que así puedan torcer el destino electoral en noviembre. Excepto que la gravedad de la contienda lleve a un relanzamiento del gobierno con una Jefatura de Gabinete fuerte (Sergio Massa) y un ministro de Economía que sea tomado como alguien racional, a lo que se opone Alberto Fernández. La moneda aún está en el aire.

Los primeros días transcurridos luego del fuerte revés nacional para el gobierno permiten avizorar que, por ahora, el análisis va por carriles distintos. Las versiones de medidas económicas que apuntan a “ponerle plata en el bolsillo” a los mismos de siempre, hacer funcionar la máquina de billetes las 24 horas como si ello resolviera una problemática que es económica, pero que tiene mucho más para ser explicada por sociólogos.

Creer que se resuelve sólo incentivando el consumo es una subestimación de la real causa detrás del cachetazo electoral. El gobierno estará en un problema si cree que quienes han caído en la pobreza recientemente un plan o bono extra los satisface. Al contrario, se sienten indignos. Y la indignidad provoca rabia y vergüenza.

Qué pasó en las urnas

Facundo Manes se sentó frente a su interlocutor y lanzó una pregunta que consideraba clave para saber si avanzar en su candidatura:

¿Vos creés que aún hay un sector importante de la sociedad que se cayó pero tiene voluntad de volver a levantarse o ya están resignados? ¿Vos creés que aún hay un sector importante de la sociedad que se cayó pero tiene voluntad de volver a levantarse o ya están resignados?

Al margen de cuál fue la respuesta, el diálogo, a comienzos del 2021, denotaba la mirada sobre dónde podría estar el electorado para ir a buscar en caso de postularse. Los mismos interrogantes eran habituales en mesas empresariales, sobre todo vinculadas al sector PYME. Es, justamente, el sector de la sociedad que el gobierno no miró. Aquel que venía en caída con el gobierno de Mauricio Macri y la pandemia lo terminó de noquear. Aquellos que vieron esfumarse su estatus de clase media, para ser técnicamente pobres. Pero que no se sienten así. Y no quieren resignarse.

No habrá una única causa que explique el mensaje de las urnas. Aquellos interrogantes formulados por Manes y muchos otros actores de la vida política y económica interpelan algo que la dirigencia no quizo o no pudo ver. Y eso es producto de un distanciamiento cada vez más extremo entre sociedad política y sociedad civil. Las PASO lo demostraron en múltiples aspectos.

Uno de ellos es la participación. El menor porcentaje de asistencia a las urnas desde que se crearon las Primarias son una señal. Los 2 millones de personas que se quedaron en sus casas, coincide con el mismo número que distanció a Alberto Fernández de Mauricio Macri en el 2019. Por ello cabe preguntarse si los desencantados con el gobierno son mayormente los que no fueron a votar. Eso debiera tomar nota también la oposición para no caer en falsos triunfalismos.

El GBA

El resultado en la provincia de Buenos Aires arroja ciertas conclusiones a tener en cuenta. Tal como se expresó en esta columna en varias oportunidades, la tercera opción de la que tanto se habló terminó siendo la candidatura de Facundo Manes en la interna de Juntos. Era el único “nuevo” en esta contienda y su cosecha de votos resultó clave para sumar un sector de quienes se habían cansado de Macri y Cristina.

Alberto Fernández, quien este miércoles fue hasta José C Paz a reunirse con Mario Ishii, considera que él no es el dueño de la derrota, sino la propia coalición de gobierno. Lo que sí está claro es que la figura del Presidente ya no aporta un solo voto por afuera de lo que poseía Cristina Kirchner. Pero sería inocente creer que la derrota no le pertenece también a ella, ya que su mayor caudal es la provincia de Buenos Aires y allí el oficialismo perdió.

Ciertos detalles del comicio ponen más dudas sobre la real posibilidad del oficialismo de mejorar los guarismos en noviembre.

En los distritos del Gran Buenos Aires donde la concurrencia a las urnas fue más baja que el promedio es donde mejor le fue al gobierno. Es todo un dato que permite avizorar que el aumento de concurrencia habitual entre las PASO y las Generales podría convertirse en un golpe letal.

Ese análisis se hace en todas las mesas políticas por estas horas en el conurbano bonaerense. Los llamados entre intendentes no cesan y aguardan cuales van a ser los próximos pasos. En estricto off de récord, varios funcionarios expresaron su malestar por la manera que se manejó la cataratas de renuncias puestas a disposición. Antes había sucedido con los funcionarios de Axel Kicillof, apuntado también por los jefes comunales como uno de los responsables de la derrota.

“Esto no es sólo una cuestión de enojo por la economía, se sumaron varios factores pero también faltó política, y sobre todo calle de parte de funcionarios provinciales”, arroja un intendente de la 1ra. Sección Electoral que integra el grupo que salvó la ropa el domingo 12/09.

Un detalle adicional: las listas locales obtuvieron más votos que la lista nacional. Es decir hubo cortes de boleta a favor de los intendentes. Ello avizora que en noviembre, el voto delivery podría profundizarse de no haber un cambio de rumbo.

La nubes negras asoman en el horizonte del Frente de Todos. De cómo se resuelvan las próximas horas será clave para el devenir de la Argentina. Hasta aquí, lo esbozado hace provocar más dudas y crisis política, que siempre es la antesala de las otras crisis. El principal problema del gobierno está en la imposibilidad de renegar expectativas.

“Estoy acostumbrado a vivir en la pobreza, pero no quiero condenar a mis hijos a pasar por lo mismo”, simple pero clarísima descripción de los tantos testimonios que asoman en el Gran Buenos Aires como en el resto del país. No es sólo la economía, el problema es más profundo. Ni los planes parecen salvar a este gobierno.

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