Si esto fuese cierto, la crisis de liderazgo de Alberto Fernández augura situaciones peores en el corto plazo, y la imposible recuperación del Frente de Todos.
A la vez, el mecanismo de integración de la coalición gobernante es un fracaso porque es un laberinto de fuerzas que se bloquean entre sí, carece de verticalismo y su horizontalidad impidió eficiencia en la gestión desde diciembre de 2019 pero el Presidente no ejecutó alguna acción para corregirlo, hasta ahora.
La estrategia del Frente de Todos de disimular tal como si nada importante hubiese ocurrido es estúpida porque es una subestimación de los electores / ciudadanos, que saben que un hecho traumático ocurrió y está a la espera de la reacción acorde del Jefe de Estado. Otra vez Alberto Fernández erosiona su propia autoridad y la de la institución que representa.
Hay algo más grave aún, al no haber presentado el gabinete la renuncia colectiva, el gabinete demuestra una carencia de reflejos políticos porque si en la noche del domingo 12/09 todos hubieran dejado sus cargos, la noticia de la derrota del FdT hubiera resultado licuada por la nueva información y hoy lunes 13/09 la opinión pública en su conjunto estaría especulando acerca de quiénes serían los nuevos ministros y no en la diferencia que Juntos por el Cambio obtuvo sobre el oficialismo.
Semejante ausencia de visión política, avaricia por el cargo y lentitud en la reacción es lo que condena al FdT luego del comicio, más que el propio resultado del escrutinio.
No se trataba de anunciar el nuevo gabinete sino de que el Presidente compartiera el costo con sus colaboradores en vez de asumirlo en soledad, generando un hecho nuevo que cambiaria el curso de los acontecimientos en todo lo posible. Y encima Alberto Fernández pretende permanecer 2 años más en estas condiciones... Increíble pero real.