Detalles macabros de la tortura y cómo el caso expuso grietas del Estado
Los informes forenses dibujan un panorama imposible de procesar. Brenda murió por una fractura de cráneo y aplastamiento facial. Después de muerta, le abrieron el abdomen de punta a punta. Morena tenía una luxación cervical y golpes fuertes en el rostro. Lara, la más chica, fue sometida a una tortura atroz: le amputaron los cinco dedos de la mano izquierda, le apagaron cigarrillos en las heridas, le cortaron una oreja y la degollaron.
Según la autopsia, las tres murieron entre las 3 y las 5 de la madrugada del sábado. Una tras otra. Los forenses creen que alguna de ellas vio morir a las demás. Esa crueldad confirma que no se trató de un arrebato, sino de una ejecución planificada, con el sello mafioso de una venganza narco.
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El crimen fue planificado y transmitido, mostrando un mensaje mafioso claro. Las víctimas fueron asesinadas una por una, lo que evidencia la brutalidad y organización de la banda narco.
Los detenidos ya fueron identificados: Miguel Ángel Villanueva Silva (27, peruano), señalado como dueño de la casa; Iara Daniela Ibarra (19), Andrés Maximiliano Parra (18) y Magalí Celeste González Guerrero (28), todos argentinos. Dos fueron arrestados limpiando las manchas de sangre con lavandina; los otros cayeron escondidos en un hotel alojamiento. La Bonaerense no descarta que tengan vínculos directos con la red narco de la Villa 1-11-14.
Mientras tanto, las familias cargan con la bronca de que la búsqueda arrancó tarde. Vecinos denunciaron que la Policía no quiso tomar la denuncia hasta el sábado a la noche. Si no era por la presión de los medios, las chicas seguían desaparecidas. En esos primeros días, la ausencia del Estado fue tan brutal como el crimen mismo.
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Las autopsias revelaron torturas extremas: Lara sufrió amputaciones y quemaduras, Brenda fractura de cráneo y corte abdominal post mortem, Morena golpes y luxación cervical. Las tres murieron entre 3 y 5 a.m.
En La Tablada, donde las tres vivían, las recuerdan con remeras y pancartas: Brenda, la mamá joven que cuidaba a su bebé; Morena, que vendía ropa y chocolates para ayudar en su casa; Lara, la adolescente que iba cada semana al templo evangélico con su abuela. Las mataron con la lógica de la mafia, pero eran chicas de barrio, con vidas normales, con futuro por delante.
Lo único claro después del triple femicidio de Florencio Varela es que la violencia narco dejó de ser un problema "lejos" y ya se metió en el corazón del conurbano. Y la transmisión en vivo fue el certificado: ellos no se esconden, la Justicia sí.
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