La salida arranca alrededor de las 18, donde brotan de la arena los parlantes con reggaetón, los termos de vodka y fernet y las latas de cerveza. Esto se llama "After beach". Luego, los chicos se dirigen a sus departamentos, se bañan, cenan y se preparan para la salida nocturna. Es infaltable la "previa", y uno de los momentos más conflictivos, ya que es allí donde se cometen los excesos, para llegar "divertido" al boliche.
Tomar alcohol es moneda corriente entre los adolescentes y jóvenes, no importa la clase social a la que pertenezcan. Pero no solo una copa, sino que es común tomar de más y emborracharse, a veces para perder el conocimiento. A las previas se va sobrio y se sale a las risotadas y con más de 3 vasos de alcohol bien cargados encima como mínimo. Los más valientes apuestan por los shots de tequila o bebidas blancas similares.
De ahí, se dirigen al boliche, donde las entradas están en un promedio de $500. Luego de bailar algunas horas, la noche termina en la playa, para contemplar el amanecer, o inclusive meterse al mar.
El reviente está arraigado en las mentes de la juventud y el caso de la fatal golpiza de los rugbiers a Sosa lo deja al descubierto. Muchas veces, para no quedarse afuera de las modas, para sentirse parte de un grupo, los chicos optan por los excesos y terminan en el hospital.
El exdueño de un boliche de la Costa Atlántica le dijo a Clarín: "Los chicos llegan borrachos y salen borrachos. ¿Cómo los contenés afuera? ¿Quién los debe contener? ¿Los dueños de los boliches?". Los padres, preocupados, cuestionan dónde están los controles. "¿Dónde está la Policía?, "¿Dónde está la seguridad del boliche?", "¿Quiénes cuidan a nuestros hijos?".
Pero para ninguna de estas preguntas hay respuestas acertadas, ya que nadie se hace cargo. El punto conflictivo es el mensaje que los más chicos tienen sobre las salidas nocturnas. Se asocia al exceso de sustancias con la diversión. Por eso, acertado sería preguntarse: "¿Qué educación reciben los jóvenes?".