"Como base de una situación penosa de fractura social se encuentra la decadencia cultural de un pueblo en el que vastos sectores carecen de educación y de trabajo, quiero decir: de educación integral que no sólo instruya sino que forme a la persona y de trabajo genuino que dignifique a quien lo ejerce y lo incorpore al servicio de la comunidad", opinó.
"Decadencia cultural significa desquicio de la familia, disminución y aun pérdida del sentido moral, olvido de Dios y de sus mandamientos, que son mojones de la civilización. A la indiferencia e insensibilidad de los satisfechos corresponde el resentimiento de los marginados y excluidos, atizado éste por ideólogos y oportunistas que agravan los conflictos", advirtió.
Tras señalar que "el que siembra vientos cosecha tempestades", sostuvo que "nada bueno se puede esperar de esa promoción insensata de la discordia que soslaya las auténticas soluciones, siempre trabajosas, pero que requieren otra inteligencia de la realidad y otro espíritu, una voluntad recta y generosa de dar a cada uno lo suyo, según el derecho y la caridad".
Recordemos que a fines de noviembre la Conferencia Episcopal Argentina difundió un crítico documento al Gobierno, en el que expresó que "a casi 30 años de la democracia, los argentinos corremos el peligro de dividirnos nuevamente en bandos irreconciliables. Se extiende el temor a que se acentúen estas divisiones y se ejerzan presiones que inhiban la libre expresión y la participación de todos en la vida cívica".
Dicho documento fue cuestionado luego por varios de los funcionarios del Gobierno (ver notas relacionadas).