En los perros, este vínculo puede generar una dependencia emocional excesiva y dificultades para tolerar la soledad. “Es bastante frecuente que canalicen con ansiedad por separación. Rompen cosas, ladran, aúllan, orinan o defecan en lugares inconvenientes”, indicó. Además, la sobreprotección puede limitar comportamientos naturales como caminar, correr, oler y explorar.
La humanización también puede repercutir sobre la salud física. Según el especialista, cuando se trata a una mascota “como un niño”, pueden aparecer alimentos o premios inadecuados y reducirse la actividad física, favoreciendo “los trastornos digestivos crónicos o también el sobrepeso”. Asimismo, aclaró que el cuidado responsable exige respetar las necesidades propias de cada especie.
También planteó una consecuencia emocional que muchas veces queda relegada: el duelo. “El tratarlo como hijo implica estar muy preparado para entender que en la mayoría de los casos ese ‘perrijo’ o ‘gatijo’ no va a sobrevivir al resto de la familia”, sostuvo. Y resumió su postura con una definición contundente: “Amar a un animal está muy bien, pero no significa transformarlos en personas”.
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