Volviendo a las negociaciones, el ministro de Seguridad bonaerense le comentó a Kicillof, quien se puso a cargo de comenzar el diálogo con Chachques. Y así comenzaron las negociaciones.
De esta manera podría decirse que, otra vez, la llegada de vacunas a la Argentina es gracias a la gestión bonaerense y no a la de Alberto Fernández, quien a pesar de todo se lleva los créditos...
Recordemos que con las vacunas Sputnik pasó algo similar: fue Kicillof quien inició las negociaciones con los rusos y, meses después, ante la demora en la entrega de las AstraZeneca, Nación terminó sumándose.
Desde el comienzo del desarrollo de vacunas contra elcovid-19, Alberto Fernández simpatizó con el desarrollo de AstraZeneca Oxford, probablemente por influencia del entonces ministro de Salud, Ginés González García.
El único funcionario argentino que se interesó en el desarrollo ruso fue el gobernador bonaerense. Es más: él se interesó ya en septiembre de 2020 en iniciar una negociación por 800.000 dosis iniciales, con la posibilidad de ampliar la adquisición a 3 millones. Es decir, la puerta de Moscú la abrieron desde La Plata. Aparentemente, al ministro de Salud de la Nación no le pareció oportuno.
Kicillof habló directamente con los directivos del RDIF (Fondo Ruso de Inversión Directa), que financia la investigación y desarrollo del Centro Nacional Gamaleya de Epidemiología y Microbiología. Kicillof accedió al RDIF luego de una gestión oficial inicial del ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, ante las autorides rusas. Dato importante: Gollán invitó a aquella teleconferencia a González García, pero el polémico ministro decidió no participar y sin aviso.
El paso siguiente fue que la vacuna AstraZeneca Oxford sufrió algunos percances que demoraron su desarrollo en Fase 3. Mientras tanto, la Sputnik V ya estaba en vacunación de universos masivos, y el presidente Alberto Fernández tenía la necesidad política de cerrar el aislamiento social preventivo obligatorio presentando un horizonte seguro de vacunación.
Fue entonces cuando el Presidente decidió echar mano a la vacuna de los rusos, y utilizó la puerta que había mantenido abierta el gobernador Kicillof.