La idea era dejarlo hablar sin interrupciones, faltas de respeto ni exabruptos. La decisión se tomó para que Manuel Adorni no tuviera excusa alguna para levantarse y retirarse del recinto sin dar explicaciones ni responder preguntas.
Así las cosas, Adorni expuso sin mayores interrupciones durante más de una hora, para luego pasar a un breve cuarto intermedio y dar inicio a la ronda de preguntas por parte de los legisladores nacionales. Si bien la expectativa era alta y, en la previa de su llegada, los ánimos estaban caldeados y se sentía la adrenalina en el recinto, toda esa tensión bajó cuando terminó la primera parte del informe de gestión, se retiró Milei y se vaciaron los palcos.
Pasadas las 14 horas ya había caras de cansancio, fastidio, hambre y desinterés. No solo por parte de los legisladores nacionales, sino incluso de los propios libertarios, que bostezaban en sus bancas y aguardaban el final de una jornada que, según los cálculos, iba a durar no menos de seis horas.
Aunque se esperaba tensión y cruces, y los diputados opositores aseguraban que tenían preparadas preguntas y discursos para acorralar al jefe de Gabinete, Manuel Adorni no dio pasos en falso. Se mantuvo alineado con su discurso estructurado y ordenado, y se limitó a responder de manera respetuosa, sin caer en provocaciones.
Algunos de los momentos más tensos los protagonizó el diputado nacional Pablo Juliano, quien fue retado por Martín Menem por no respetar las normas del Honorable Congreso de la Nación al no tratar de “usted” al jefe de Gabinete. Otro momento tenso se vivió durante las preguntas de Rodolfo Tailhade, quien aseguró que tiene experiencia en cazar corruptos y describió con lujos y detalles la vida y la rutina de la esposa de Adorni, dando precisiones sobre los lugares que visita la mujer del jefe de Gabinete, incluso, nombró el lugar donde Betina Angeletti se hace las uñas y criticó que use la custodia presidencial.
También hubo algunos gritos entre el diputado nacional socialista Esteban Paulón y legisladores libertarios, situación que nuevamente controló el riojano, quien en todo momento -y para cuidar a Adorni- ordenó cualquier foco de tensión.
En algunas ocasiones hubo cruces y gritos entre los legisladores del oficialismo y la oposición, mientras Manuel Adorni tomaba café cortado y observaba atentamente.
Si bien en el recinto hubo pochoclos -a saber si eran dulces o salados-, la mayoría de la dirigencia opositora se quedó con las ganas de disfrutarlos. Pese a lo que se esperaba, Manuel Adorni logró salir airoso de lo que prometía ser el “Super Bowl” de la política, pero terminó primando el protocolo, la solemnidad y una especie de calma (y en ocasiones, respeto) que hacía tiempo no se veía en la Cámara Baja. Algunos coinciden en resumir la jornada como “mucho ruido, pocas nueces”, mientras que en la Casa Rosada se anotan, al menos en esta jornada, una nueva victoria.
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