En este sentido, pidió "la voluntad de acordar en lo esencial para el bien común".
"Hubo de esperar hasta que alumbrase la Constitución de 1853", recordó Poli en un repaso histórico entre la Revolución de Mayo, los enfrentamientos de "bandos irreconciliables" y el temor a que no sea acatada: "Es cuando surge la voz de un hijo de la tierra catamarqueña, el joven franciscano Fray Mamerto Esquiú, pronto a ser beatificado, superando él mismo las diferencias con el Código Fundamental propuesto por no ver reflejados los intereses federales, no obstante confiaba en el principio ordenador de una Ley Suprema que iluminase la vida de todos los argentinos y la paz tan esperada.
Fue entonces que desde la iglesia matriz de la ciudad de Catamarca, en una célebre oración de Acción de Gracia, con motivo del 9 de julio, exhortó a sus coprovincianos sobre la conveniencia de obedecer la Constitución con las palabras bíblicas. Nos alegramos de la gloria de ustedes y den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
El servicio que hizo con sus palabras, todavía esperan su alumbramiento definitivo.
Por momentos, se instala la idea de un doble destino para los argentinos: fracasado o exitoso; con educación para todos o sumergidos en la ignorancia; abundancia para pocos o pobreza para muchos; exclusivo o inclusivo; cerrados al mundo o globalizado; con oportunidad para todos o solo los privilegiados; pero escuchando el grito de Libertad e Independencia que recorre nuestra historia y llega hasta nosotros, decimos que hay un solo destino colectivo para nuestro pueblo: fraterno, solidario, con educación, salud y justicia; con igualdad de acceso a la tierra, trabajo y al techo, valorando y respetando la vida de todos.
Si hay voluntad de acordar entre todos, podremos achicar las diferencias".