Y a esos “desilusionados” es a donde apunta el schiarettismo, que parece amagar con lanzarse como propuesta nacional de la mano del propio Schiaretti. Pero para captar esos votos descreídos, no puede ofrecer más de lo mismo.
Por eso, hace meses que el Gobierno de Córdoba tomó una postura muy clara, a la que dará continuidad en forma de campaña auténtica. Esta es la de no venderse para ningún lado de la grieta, pero tampoco romper con estas dos costas.
Para Schiaretti y sus seguidores, la vacilación tanto con Juntos por el Cambio como con el Frente de Todos es un equilibrio logrado con mucho trabajo y en base a la necesidad del votante. La cercanía a uno u otro espacio siempre ha desbalanceado las encuestas.
En ese orden, es que la estrategia electoral de Hacemos por Córdoba será la de centrarse fuertemente en el discurso cordobesista y hacer notar el trabajo en obras realizado. Es decir, basarse en la gestión propia.
De esta manera, el schiarettismo evitará caer en lugares de confrontación. Esto resulta conveniente de cara a lo que viene, sobre todo respecto al Gobierno nacional con el cual debe convivir al menos dos años más de manera institucional.
La “autonomía” cordobesa será el ítem que más rozará la crítica hacía las gestiones nacionales, y del que más rédito buscará sacar Hacemos por Córdoba. Esa idea de la “isla” que fue afinada en los últimos años, es uno de los relatos que más le ha rendido al schiarettismo en la provincia.
Además, la construcción territorial será otra táctica electoral, al igual que la que buscará aplicar el kirchnerismo. De hecho, algunos dirigentes de Hacemos por Córdoba ya recorren el interior provincial en busca de consensos con intendentes.
Así, el schiarettismo hará pie en sus propios logros, sobre todo referidos a la obra pública. Ese rubro que se vio detenido por la pandemia en buena medida, sigue siendo el principal caballo de batalla de la gestión, que en las últimas elecciones vio como el cierre de la circunvalación rindió sus frutos.