“Ella vio a las chicas cuando llegaron, pero me aseguró categóricamente que no tuvo nada que ver con el crimen", relató el letrado en LN+.
La noche del crimen, Celeste y su pareja recibieron unos mensajes en donde les pedían alquilar la casa por una noche para realizar una fiesta donde iba a haber alcohol, mujeres y drogas. Por el alquiler les pagaron mil dólares en la mano. La noche del crimen, Celeste y su pareja recibieron unos mensajes en donde les pedían alquilar la casa por una noche para realizar una fiesta donde iba a haber alcohol, mujeres y drogas. Por el alquiler les pagaron mil dólares en la mano.
Según el abogado, cuando Brenda del Castillo, Morena Verri y Lara Gutiérrez arribaron al lugar, su clienta les abrió el portón para que ingresara el automóvil que las transportaba.
Luego, su pareja, de origen peruano, recibió el dinero del alquiler y ella se fue caminando hasta una parada de colectivo.
“En ese momento Celeste estaba bajo los efectos de la cocaína. Para mí, en la noche del crimen “Pequeño J“ y Matías Ozorio estaban en la casa, subrayó el abogado.
Luego, detalló que, gracias al peritaje del celular de Guerrero, pudieron descubrir que a Pequeño J también se lo conocía como “Montana” ya que el detenido de 20 años en Lima sería fanático del personaje que caracterizó Al Pacino en Scarface.
Florencio Varela: el triple crimen y la sindicalista
Cuando asesinan a las chicas, Celeste no estaba en la casa. Apenas llegaron, ella se fue y se quedó bajo el techito de una parada de colectivos toda la noche. Durante la madrugada le pidieron que ordene diez hamburguesas y una gaseosa. Cuando asesinan a las chicas, Celeste no estaba en la casa. Apenas llegaron, ella se fue y se quedó bajo el techito de una parada de colectivos toda la noche. Durante la madrugada le pidieron que ordene diez hamburguesas y una gaseosa.
Se cree que Villanueva, pareja de Magalí Celeste, habría sido quien grabó con un celular y difundió las torturas sádicas contra las 3 víctimas.
Ella le envió un audio a su madre donde reconocía haberse “mandado una cagada”.
“Si Celeste no les alquilaba la casa, los asesinos hubieran ido lo mismo, porque Villanueva Silva, su pareja, le tenía un temor reverencial a Pequeño J. Y todo lo que él le hubiera pedido, lo habría hecho” concluyó Giaquinta quien fue contratado como defensor por la madre de Celeste.