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El Gobierno de Javier Milei profundizó su vínculo ya roto con los periodistas y dejó sin acreditación a toda la prensa en la Casa Rosada. Fuente: Casa Rosada
Lo que más llama la atención es que Milei ya venía evitando el contacto directo con la prensa. No hay conferencias abiertas, no hay espacio para repreguntas, y su vínculo con los periodistas se canaliza casi exclusivamente por redes sociales, donde el Presidente suele descalificar, insultar o directamente señalarlos como enemigos.
De hecho, cuando se dio a conocer la denuncia de Casa Militar, su reacción pública ante el caso fue coherente con ese estilo (y bastante premonitoria a lo que pasó esta mañana): "BASURAS REPUGNANTES Me encantaría ver a esas basuras inmundas que portan credencial de periodistas (95%) que salgan a defender lo que hicieron estos dos delincuentes. Espero que esto llegue hasta los máximos responsables".
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No más que agregar, señor juez.
La excusa del "espionaje" y un castigo para todos los periodistas
El detonante fue el informe del programa de Luciana Geuna en TN, "¿Y mañana qué?", emitido el 19 de abril, donde se mostraban imágenes de pasillos internos de la Casa Rosada, aparentemente registradas con cámara oculta o lentes inteligentes.
A partir de eso, la Casa Militar presentó una denuncia penal bastante dura, en la que decía que "bajo meros pretextos de interés público, los periodistas denunciados se ufanaron de haber burlado la seguridad presidencial". Además, se mencionan posibles violaciones a los artículos 222 y 223 del Código Penal, que contemplan penas de 1 a 6 años de prisión por revelación de secretos políticos o militares.
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Tras la denuncia por el informe de Luciana Geuna, el Gobierno aplicó un cierre total que afecta a más de 60 periodistas y, por ende, limita el acceso a la información pública. Fuente: X
El argumento oficial es que la filmación pudo haber expuesto circuitos internos, movimientos y rutinas sensibles. Hasta ahí, el conflicto puede discutirse. Ahora, ¿desde cuándo un informe periodístico justifica cerrar completamente el acceso a la prensa? Ni siquiera en los momentos más tensos de las gestiones anteriores (incluyendo las de Carlos Menem, Cristina Kirchner o Mauricio Macri) se llegó a este nivel.
Porque no es que suspendieron a dos periodistas o a un programa. Se bajaron todas las acreditaciones, se retiraron huellas dactilares y se frenó el ingreso general mientras se realiza un supuesto reempadronamiento. Castigo colectivo. Todos afuera.
En la práctica, eso implica que más de 60 periodistas acreditados quedaron sin acceso, ningún medio puede cubrir desde adentro y la información depende exclusivamente de lo que el propio Gobierno decida comunicar.
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Parte de la denuncia realizada por Casa Militar. Fuente: X
Puede haber errores periodísticos, excesos o discusiones válidas sobre los límites. De eso no hay duda. Pero cerrar la sala de prensa no mejora eso. Es justamente lo contrario a lo que pasa (o debería pasar) en un país administrado por un gobierno que se vanagloria de gritar a todo pulmón "¡Viva la libertad carajo!".
Y hay otro detalle que hace sospechar más: la medida coincide con reuniones del Presidente con Peter Thiel, figura del poder tecnológico mundial, dueño de Palantir y fundador de Paypal.
Mientras tanto, en las redes sociales una parte del público aplaude esta especie de "correctivo" (y es entendible cuando hay cierta desconfianza hacia los medios). Pero ojo con el entusiasmo: cuando se bloquea el acceso, el que pierde no es el periodista, es el ciudadano.
Al final, lo más llamativo fue la reacción del Gobierno. Porque si cada vez que algo incomoda la respuesta es cerrar la puerta, el problema no es la prensa. Es quién decide qué se puede ver… y qué no.
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