En el boliche, “se escuchaban ruidos raros cuando no había gente. En la parte de los baños, que estaban recién pintados, siempre sobresalía, con las luces, una misma imagen. Era como si fuese la cara del diablo y, por más que le pusieran pintura gris, negra, volvía a sobresalir”, relató la exempleada.
Otros de sus antiguos compañeros de trabajo también relataron lo que vivieron allí cuando el boliche cerraba. “De noche, corría viento, pero estaba todo cerrado”, recordó. Además, se dice que las cosas reaparecían en otro lugar sin que ninguno de los que se encontraban presentes las moviera. De la misma manera en que se volvió exitoso, cerró y ninguno de sus antiguos clientes encontró la explicación lógica para algo tan abrupto como eso.
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