El episodio de la moto Uber: alcohol, multa y "que vuelva a Bolivia"
El 1 de enero, un joven motociclista de Uber, Ciro, quedó en el centro de otra polémica tras ser multado y tener su moto retenida porque su pasajera estaba alcoholizada. Según relató, él había cumplido con la ley al no consumir alcohol, pero la normativa vigente lo hizo responsable de la conducta de su acompañante. "Le mostré la app al agente de tránsito, pero me dijo que no importaba", señaló en una entrevista con TN. Además, aunque reconoció que esta regla busca proteger a los conductores de posibles riesgos, pidió que se revise para casos laborales.
La pasajera, por su parte, admitió haber consumido alcohol pero negó conocer la legislación. En las imágenes difundidas por redes sociales, se la ve sonriente cuando se le pregunta si siente culpa por la situación de su chofer, lo cual desató una tormenta de insultos en su contra.
Las redes se llenaron de comentarios cargados de xenofobia y clasismo, como "Típica marronada", "Expulsión inmediata a todos los Bolivianos", y otros más bizarros como "Le arruinó la vida a un laburador solo por ser blanco y argentino. Están entrenados y financiados por el consulado de Bolivia para hacer eso. Despierten, esto es una guerra proxy" fueron algunas de las expresiones que circularon.
Más allá de su actitud, la viralización del caso reveló un patrón inquietante: la joven fue automáticamente etiquetada como extranjera y convertida en un blanco para quienes utilizan el término "marrón" como un canal para promover el odio racial. Incluso figuras políticas como Ramiro Marra, que propuso reformar el Código de Tránsito, avivaron la narrativa de que la responsabilidad recaía exclusivamente en la pasajera. "La acompañante estuvo pésima, lo llevó a cometer una falta y se desligó de toda culpa", escribió en Twitter, desviando el foco del problema hacia una condena moral.
Estos dos episodios, que ocurrieron en un plazo de menos de 3 días, exponen no solamente algunas prácticas de discriminación sistemática, sino que revelan cómo sectores libertarios normalizaron el uso del racismo. La palabra "marrón" ya no es un insulto dirigido, como en un principio, a los delincuentes (en reemplazo del "negro de mierda"): se convirtió en instrumento de un sistema de opresión que discrimina a cualquier persona que tenga cierto color de tez, más allá de si delinca o no. Quedará por ver si estos casos llaman a reflexionar sobre el racismo en la vida pública y si como sociedad empezamos a ponerle un límite.
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