“Esto no tiene que ser un cierre de campaña, sino una apertura de debates en el país. Tenemos que debatir, debatir en serio”, agregó.
Estaban pidiendo un diálogo con la oposición.
La lectura inicial que hicieron algunos estaba vinculada a la negociación con el FMI y la apuesta del Gobierno a pasar el eventual acuerdo por el Parlamento con el voto opositor. De esa forma, el oficialismo no sería el único en pagar el costo de previsibles condiciones impuestas desde Washington.
Esto no es novedoso. La misma Cristina ya lo había planteado.
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Cristina Kirchner sigue siendo el principal sostén político de Alberto Fernández. Foto: NA.
Pero tampoco faltaron quienes interpretaran el llamado al diálogo como un signo de debilidad política por parte del Gobierno. Y la falta de mayorías propias en el Congreso lo es para el oficialismo.
Hay un antecedente: fue la misma Cristina Kirchner la que convocó a un diálogo abierto con la oposición en 2009. Claro que fue como consecuencia de la derrota electoral en las legislativas de ese año (y con Néstor Kirchner en la boleta). Estaban "en la lona".
De esas conversaciones resultó la mal llamada "reforma política" que no fue otra cosa que fijar nuevas reglas para la competencia electoral. Allí nacieron las PASO (en realidad, un necesidad de la Casa Rosada para unificar al peronismo).
Pero no todos acudieron a la cita. Elisa Carrió se negó a ir y esto determinó su ruptura con Margarita Stolbizer, su entonces socia política que sí se sentó en la mesa propuesta por el Gobierno.
Carrió pidió que cualquier discusión se de en el Congreso.
Hoy esa sería la postura de la oposición, pero hay menos crédito de su parte hacia el kirchnerismo -habiendo pasado más de una década de aquel "diálogo"- para prestarse a un debate sin condicionamientos. Menos aún si el resultado de las elecciones le "sube el precio". Menos incentivo hay en los sectores más duros, como el que encarna Mauricio Macri, que se sientan a esperar la debacle del Gobierno.
El choque de posiciones podría darse con ala más moderada, representada por Horacio Rodríguez Larreta, que no querrá ser caracterizada como poco colaborativa con un gobierno en crisis, drama que al fin y al cabo repercutirá en el país que pretende gobernar en el futuro.