La otra institución democrática que sufre de la desconfianza de los argentinos es el Congreso: el 62,3% descree del Legislativo, principalmente aquellas personas de entre 39 y 55 años.
La democracia de basa en la confianza y las instituciones son un factor fundamental para la existencia de la misma en una sociedad. Confianza en que los líderes pondrán los intereses de sus electores por delante de los suyos, confianza en que prevalecerá la buena voluntad pública y confianza en que las instituciones serán ese contrapeso y limitación del poder (checks and balances).
Es preciso que para el buen funcionamiento de las instituciones, estas puedan ser claramente distinguibles como una herramienta democrática libre donde los hombres no logren corromperlas ni tampoco puedan tomar control de ellas. O como dice una vieja frase: "Pasan los hombres, pero las instituciones perduran".
Cuando los líderes abusan de la confianza que el público depositó en ellos, se desempeñan de manera inadecuada o ineficaz, o las instituciones pierden credibilidad, la reserva de apoyo que las personas tienen para el gobierno democrático comienza a erosionarse.
Cuando la fe en las instituciones democráticas se evapora, aumenta el llamado de la sirena del gobierno autoritario e incluso la dictadura.
Lo que estamos viviendo en el país es un desprestigio de la institucionalidad y la pérdida de capacidad del Estado para hacer respetar las reglas de juego. Más de la mitad de la población no cree en la Justicia ni en el órgano que le da origen a nuestras leyes. Si no confiamos en estos pilares fundamentales de la democracia, ¿Qué nos queda nada?