Así fue la estafa que le costó $1.850.000 a Horacio Pagani
Lo que siguió fue una elaborada puesta en escena digna de un guion cinematográfico. "Yo no entendía qué tenía la rueda. Metió la mano por atrás de la rueda y sacó un bulón lleno de grasa. 'Uhhh', dijo, y yo también. Después vino otro, eran de nacionalidad boliviana, y empezaron a laburar ahí abajo", relató Pagani, cuya desconfianza quedó parcialmente neutralizada por la aparente profesionalidad de los estafadores.
La trampa se complejizó cuando los falsos mecánicos manipularon el vehículo para crear la ilusión de un problema grave. Según narra el periodista, notaba cómo "se movía el volante para un lado y para el otro", una maniobra que posteriormente descubriría era parte del engaño. Los timadores completaron su ardid mencionando una casa de repuestos cercana y un taller a una cuadra del lugar, estableciendo así un marco de aparente legitimidad.
El fraude alcanzó su punto culminante cuando uno de los sujetos se alejó momentáneamente para hacer una llamada telefónica, supuestamente contactando al dueño del comercio de repuestos. Mientras tanto, Pagani, preocupado por sus tiempos y deseoso de resolver rápidamente el inconveniente, quedaba cada vez más envuelto en la trama.
A plena luz del día y en una calle transitada, los estafadores continuaron sumando actores a su representación. "Vinieron dos más y me recomendaron que tenía que decir que yo me atendía en el taller de ellos, 'en el taller de los bolivianos'. Yo como un boludo empecé a decir todo lo que me decían, ¿qué voy a hacer?", relató con evidente frustración.
El desenlace llegó con la presentación de un supuesto repuesto "flamante y envuelto" cuyo costo inicial ascendía a $2.500.000. Ante la visible sorpresa de Pagani, el precio fue reduciéndose estratégicamente: primero a $2.000.000 tras solicitar factura A, y finalmente a $1.700.000 cuando uno de los timadores apareció con una pieza vieja supuestamente extraída del vehículo.
"Vivo, porteño, le dije 'te doy un palo y seis'", recordó Pagani entre risas nerviosas, evidenciando cómo incluso intentando regatear, seguía siendo víctima del elaborado engaño. Para completar la estafa, le solicitaron $250.000 adicionales por mano de obra, dinero que terminó enviando mediante transferencia bancaria.
La confirmación del engaño
Sin embargo, la verdad solo saldría a la luz posteriormente, cuando un mecánico amigo examinó el vehículo revelándole la amarga realidad: "Te pusieron grasa en el que tenías y no te hicieron nada. Esto no se rompe nunca", le explicó el profesional. El impacto financiero y emocional fue considerable para el periodista quien confesó abatido: "No pude dormir esa noche, fue mucha plata".
A pesar del mal momento, Pagani actuó responsablemente realizando la denuncia correspondiente y aportando toda la información recopilada sobre los estafadores, incluyendo un número telefónico desde el cual logró contacto en al menos dos ocasiones.
El caso del prestigioso comunicador deportivo pone de relieve la elaboración alcanzada por las bandas dedicadas a estafas callejeras, capaces de montar operativos complejos con múltiples participantes y roles bien definidos. Una advertencia para todos los conductores que, como Pagani, podrían convertirse en víctimas de estos artificios delictivos ejecutados a la vista de todos con total impunidad.
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