Entre agosto y setiembre del año 2000, el Ejecutivo Nacional y el de la Ciudad decidieron emprender como tarea conjunta la recuperación del edificio para ubicar allí al Auditorio de la Ciudad de Buenos Aires, sede definitiva de las orquestas Sinfónica Nacional y Filarmónica de Buenos Aires. El Gobierno de la Nación aportaría el inmueble y el de la Ciudad confeccionaría el proyecto y financiaría el emprendimiento.
El inmueble estaba en manos de la ONABE (Organismo Nacional de Administración de Bienes), que exigió demostrar que el edificio era apto para el fin estipulado con antelación a la cesión del mismo, resultando aprobado el uso de Auditorio pocos días antes de la crisis de 2001.
El Gobierno de la Ciudad comenzó la restauración del edificio anexo, ocupado hoy por el Museo del Cine, y encarando la mensura del edificio principal y sus sótanos inundados y el desarrollo del proyecto definitivo. Se aprovechó una financiación del BID para contratar los asesores necesarios para el desarrollo del proyecto.
Néstor Kirchner, con Torcuato Di Tella como secretario de Cultura de la Nación, desistieron de continuar el emprendimiento: no les interesaba.
Entonces, el Gobierno de la Ciudad adquirió el inmueble en $ 5 millones. Las gestiones, iniciadas por Anibal Ibarra, fueron continuadas por Jorge Telerman, quien dio comienzo a los trabajos en julio de 2007, aprobándose la documentación ejecutiva elaborada por la constructora Caputo.
5 meses después asumió Mauricio Macri la Jefatura de Gobierno. Amigo personal de Nicolás Caputo, no interrumpió la construcción pero le cambió el nombre al proyecto: de Auditorio de la Ciudad a Usina de las Ideas, e inauguró una primera etapa en julio de 2011, para que sea sede de las IV Jornadas de Humanización del Espacio Público.
A fines de mayo de 2012, fue anunciado un nuevo cambio de nombre: Usina del Arte, y se hizo pública la inauguración de la sala principal del complejo. Macri invitó a la ceremonia a los ex jefes de gobierno Fernando De la Rua y Jorge Telerman.
En junio de 2013, fue habilitada al público la Sala de Cámara de la Usina del Arte, con un ciclo de conciertos.
Macri se encuentra muy satisfecho con la obra. Y conoce la erogación importante que supone mantenerla activa. Pero considera que no existe una repercusión que justifique la inversión. Por lo tanto quiere tomar cartas en el asunto.