La Matanza es sinónimo de Gran Buenos Aires, para cualquier Presidente de la Nacion y gobernador bonaerense. No solo por volumen demográfico y territorial sino porque es el icono del peronismo provincial. Difícil imaginar una apertura importante si La Matanza tuviera problemas.
La evolución de las semanas recientes fue muy importante porque en la escala de contagios, donde llegó a estar en 7mo. lugar, La Matanza fue mejorando su comportamiento hasta ubicarse en el lugar N°34.
El asunto por supuesto que tiene lecturas muy interesantes para la elaboración de políticas sanitarias.
Sucede que La Matanza no tiene la infraestructura de la Ciudad de Buenos Aires, abundante en respuestas tanto preventias como de cuidados intensivos desde lo público como desde lo privado.
Es cierto que se ha progresado mucho, en especial durante 2020, año de pandemia, en concretar obras demoradas y equipamientos imprescindibles pero, de todos modos, en teoría no son casos comparables.
Ahí se ubica lo interesante de la performance en la reducción de contagios, que mucho tiene que ver con una utilización de los recursos disponibles, y que incluye el énfasis en la concientización de los vecinos, en insistir en el distanciamiento social y en aplicar el poder de policía para disminuir en todo lo posible los exabruptos de algunos.
Es importante porque ese éxito ayuda a reelaborar algunos mitos sobre eficiencia sanitaria y puede introducir un debate sobre cómo encarar respuestas confiables.