Discapacidad, ajuste y debate legislativo: optar entre el subsidio estatal o la formalidad laboral

El Gobierno busca eliminar la compatibilidad entre pensiones por discapacidad y empleo formal, poniendo en jaque los beneficios PyME y los derechos adquiridos.

Un artículo incluido sorpresivamente dentro del proyecto de Presupuesto 2027, enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, estableció una incompatibilidad absoluta entre el cobro de la pensión por discapacidad y el desarrollo de empleo formal, ya sea bajo relación de dependencia o mediante inscripción en el Monotributo, según el especialista José Luis Ceteri refirió a Perfilcom.

El Presupuesto 2027 incluye un artículo que elimina la compatibilidad entre pensiones por discapacidad y empleo formal. Advierten que la medida empujará a los trabajadores a la informalidad y destruirá los beneficios fiscales para empresas.

Subsidio

De este modo, la iniciativa gubernamental amenaza con dinamitar los consensos de la Ley 27.793 —la tironeada ley de emergencia de discapacidad—, la cual normaba que percibir un subsidio estatal era plenamente compatible con una actividad laboral registrada siempre que los ingresos no superasen los dos Salarios Mínimos, Vitales y Móviles (equivalentes actualmente a $767.600 mensuales).

Organizaciones de la sociedad civil y sectores legislativos advirtieron de inmediato que, de prosperar la medida, miles de personas con discapacidad se verán empujadas compulsivamente hacia la informalidad laboral o a abandonar el mercado de trabajo formal para no perder la asistencia estatal.

Actualmente, una pensión mensual por discapacidad se ubica en $370.043,24, un monto que permanece por debajo de la línea de pobreza para un adulto mayor ($519.578). La posibilidad de sumar un empleo formal permitía alcanzar ingresos cercanos a $1.137.643,24, un umbral indispensable para garantizar condiciones básicas de vida digna en medio del ajuste económico.

Tambalean los incentivos tributarios de Ganancias, Ingresos Brutos y cargas sociales

La incompatibilidad proyectada no solo castiga a los beneficiarios, sino que desarticula un andamiaje legal de estímulo a la contratación que lleva más de 45 años en vigencia. El sistema articula históricamente a tres actores clave —las personas con discapacidad, el Estado y las empresas empleadoras— a través de un esquema de beneficios fiscales destinados a promover la inserción laboral y reducir los índices de desempleo.

Entre los incentivos vigentes figuran la deducción especial del 70% en el Impuesto a las Ganancias (Ley 22.431), la prioridad en compras del Estado nacional y provincial (Ley 25.689 y Ley 10.592), la desgravación del 50% de las remuneraciones nominales como pago a cuenta de Ingresos Brutos en la provincia de Buenos Aires, y la reducción del 50% en las contribuciones patronales a la seguridad social por hasta tres años (Ley 24.013).

Además, el marco normativo garantiza la cobertura médica obligatoria mediante las obras sociales —las cuales no pueden rechazar la incorporación de trabajadores con discapacidad— y prohíbe explícitamente a las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo (A.R.T.) aplicar sobreprimas o discriminar condiciones por la condición física del empleado asegurado.

La supresión de estos estímulos y la penalización de la doble percepción de ingresos amenazan con desincentivar drásticamente la contratación corporativa, destruyendo puestos de trabajo formales en un contexto recesivo donde la inclusión socioeconómica vuelve a quedar en el centro de la disputa parlamentaria.

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Resumen generado por Thinkindot AI

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