La prioridad de una República es el funcionamiento de sus instituciones porque representan a sus ciudadanos, que también son contribuyentes, consumidores, usuarios y electores. El resto es 'rosca', episodios anecdóticos en términos de las necesidades populares.
Por no prestar la atención que merecen las instituciones, resulta que los políticos, en parte -hay que sumarle las limitaciones que acumula el sistema vigente electoral que limita la meritocracia y básicamente la representación ciudadana culpa de la lista 'sábana'- es evidente que son observados como 'la Casta', no son servidores públicos sino privilegiados.
Sin embargo, mientras se desconoce si Alberto Fernández sobrelleva tal como puede la nueva embestida de Cristina Fernández de Kirchner y La Cámpora; y Horacio Rodríguez Larreta debe lidiar con un Juntos por el Cambio distinto que imaginan tanto Mauricio Macri y Patricia Bullrich como Gerardo Morales y Martín Lousteau, pero disienten también entre ellos, hay un acuerdo para avanzar sobre proyectos de ley en la Cámara Baja.
Aquello no le cambia la vida a la gente, pero las leyes, cuando además se reglamentan y ejecutan, se supone que a algunos sí les modifica la vida, al menos es la promesa que hizo la Democracia Representativa alguna vez.
Ya sucedió durante la larguísima e inexplicable 'cuarentena' argentina, cuando el país fue puesto en el freezer. Sin embargo, con teletrabajo y superando limitaciones, la Cámara Baja mantuvo su actividad y hasta aprobó proyectos. Han sido reiteradas las ocasiones en que Sergio Massa logró algo que al presidente Alberto Fernández nunca pareció importarle ya que nunca ocurrió por directivas del mandatario. Pero... es la forma de gestión que tiene Fernández, cuya crisis no es una casualidad sino previsible como la salida del sol.
La sesión es este jueves a las 11:00. ´
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