Luego fue el turno de Picolotti, quien le habló a los jueces, a los que les reiteró que “no hay pruebas” en su contra.
“Aquí no hay pruebas. Se me acusa de firmar los gastos y no hay una pericia caligráfica, tampoco contable. 14 años es un plazo absolutamente irrazonable para una causa. Lo único que solicito a este tribunal, y que solicito hace 14 años, es que se aplique el derecho de manera objetiva e imparcial, lo que lleva a mi absolución”, dijo la acusada, que desde el 2015 reside en los Estados Unidos donde trabaja para una asociación civil de medio ambiente.
Cabe recordar que Romina Picolotti fue funcionaria desde 2006 a 2008, en los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Kirchner, y fue acusada del delito de defraudación en perjuicio de la administración pública, por haber utilizado fondos del organismo para gastos personales y de familiares.
La secretaría dependía de la jefatura de Gabinete que entonces estaba a cargo de Alberto Fernández, hoy Presidente de la Nación.
“Hubo un manejo absolutamente irregular de parte de Picolotti de los fondos públicos. Fue un verdadero fraude en el ejercicio de la función pública. Se pagaron comidas o almuerzos casi diariamente sin justificación, se pagaron pasajes de avión para familiares y amigos que no tenían relación con la secretaria y costosos vuelos charters”, sostuvo Luciani en su alegato.
Romina Picolotti fue procesada por entender que entre julio de 2006 y diciembre de 2008 utilizó fondos públicos para solventar gastos injustificados, "ajenos a sus fines y objetivos perjudicando así los intereses" confiados en razón de su cargo.
La jueza María Servini tuvo en cuenta para el procesamiento "compras, almuerzos y viajes aéreos hechos a expensas de la Secretaría".
Según consta en la causa, Picolotti solventó viajes de su familia en avión, de Córdoba a Buenos Aires, a costa de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable y bajo el rubro "desarraigo".
En la resolución, la magistrada aludió al "desmanejo" en el organismo cuando Romina Picolotti estuvo a su cargo y mencionó distintos consumos. "Dos comprobantes son el fiel reflejo de que cualquier gasto era solventado a través de la caja chica", añade. Uno es la compra de productos de belleza que tiene escrito, en lápiz, "regalo Flor y Sofi cumpleaños"; el segundo es de una comida en Hooters, un bar que era atendido por mujeres semidesnudas y lleva escrito un “Muchas gracias”.