Cuando cada hogar paga por el volumen de agua que utiliza, la empresa obtiene información mucho más precisa sobre la demanda, detecta pérdidas con mayor rapidez, disminuye el agua no contabilizada y mejora la previsibilidad de sus ingresos.
Para cualquier potencial inversor, estos indicadores resultan determinantes al momento de evaluar la sustentabilidad económica del negocio.
¿Cuántos medidores instaló AySA y cuál es la meta para 2026?
El programa cobró un fuerte impulso desde 2024, luego de varios años con un ritmo mucho menor de instalaciones.
Durante ese año se colocaron aproximadamente 26.000 medidores. En 2025 la cifra superó los 57.000 equipos, mientras que durante el primer semestre de 2026 ya se instalaron más de 50.000 nuevos dispositivos.
Si el ritmo continúa, AySA proyecta superar las 100.000 instalaciones antes de finalizar el año, una cifra que coincide con el objetivo previsto para el futuro contrato de concesión.
Actualmente la empresa cuenta con alrededor de 760.000 medidores activos, lo que representa apenas el 27% de los usuarios de su área de prestación.
Es decir que, cerca de tres de cada cuatro clientes todavía abonan el servicio mediante un esquema tarifario que no refleja el consumo real.
¿En qué barrios comenzó la instalación de medidores de AySA?
La primera etapa del programa se concentró en sectores donde ya existía una cobertura parcial del servicio medido para facilitar las tareas técnicas y acelerar la expansión.
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires los trabajos avanzan en:
- Villa Devoto.
- Belgrano.
- Flores.
Mientras que en la provincia de Buenos Aires las tareas alcanzan principalmente a:
- San Isidro.
- Vicente López.
- San Martín.
- Tigre.
- Tres de Febrero.
La estrategia consiste en completar primero estas zonas antes de extender gradualmente el plan al resto del área de concesión, que incluye a la Ciudad de Buenos Aires y otros 26 municipios del conurbano bonaerense.
¿Cómo cambiará la factura de AySA con los nuevos medidores?
El cambio más importante llegará al momento de pagar el servicio. Actualmente, la mayoría de los usuarios recibe una factura calculada según variables como la ubicación del inmueble, la superficie del terreno, la valuación fiscal y otras características de la propiedad.
Con el avance del servicio medido, ese sistema comenzará a reemplazarse por otro basado en el consumo efectivo de agua.
De acuerdo con AySA, quienes sean incorporados al programa continuarán disponiendo de un consumo básico libre de 10 metros cúbicos (10.000 litros) por bimestre, mientras que la instalación del medidor seguirá siendo gratuita para los hogares alcanzados durante esta etapa.
La empresa sostiene además que la medición individual permite detectar pérdidas internas en las viviendas, evitar el desperdicio de agua potable y promover un uso más responsable del recurso.
¿Por qué el Gobierno quiere transformar AySA antes de privatizarla?
La administración de Javier Milei incluyó a AySA dentro del proceso de privatizaciones habilitado por la Ley Bases.
Aunque todavía no se lanzó formalmente la licitación, el Gobierno continúa definiendo las condiciones que deberá cumplir el futuro concesionario.
Los ajustes de AySA en el mes de diciembre.
Entre ellas figuran compromisos de inversión, metas de expansión del servicio, mejoras operativas y obligaciones vinculadas con la incorporación masiva de medidores domiciliarios.
En paralelo, la empresa avanza con la actualización de sus sistemas comerciales para llegar al cambio de gestión con una estructura más moderna y financieramente sostenible.
AySA enfrenta un desafío mucho mayor que instalar medidores
Más allá del crecimiento del servicio medido, el próximo operador deberá afrontar importantes desafíos de infraestructura.
AySA abastece actualmente a alrededor de 15 millones de personas, lo que la convierte en la mayor empresa de agua potable y saneamiento del país.
Su red incluye las plantas potabilizadoras General San Martín y General Belgrano, además de miles de kilómetros de cañerías, estaciones de bombeo, plantas depuradoras y acueductos que requieren inversiones permanentes.
Uno de los problemas históricos continúa siendo el elevado porcentaje de agua que se produce pero nunca llega a facturarse, ya sea por pérdidas físicas en las redes, conexiones clandestinas o la ausencia de medición domiciliaria.
Reducir ese volumen aparece como uno de los principales objetivos del nuevo modelo de gestión.
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