Uno de los intendentes que expresó su enojo públicamente fue Carlos Biner, jefe comunal de Bell Ville, una ciudad ubicada a unos 220 kilómetros al sureste de Córdoba capital, justo entre medio de Córdoba y Rosario, famosa por por su historia colonial, y por ser la casa del ‘Matador’ Mario Alberto Kempes. "En Río Cuarto, por las elecciones, abrieron. Es una vergüenza, una aberración. A las cosas hay que decirlas, esto no es para tibios", disparó el radical Biner en declaraciones a El Doce, recordando que la ciudad de Río Cuarto permitió hace más de un mes las fiestas de egresados, y hace pocos días fue el lugar del primer baile de cuarteto post pandemia de Banda XXI.
"Acompañamos lo que se podía acompañar. Veo una beligerancia de Hacemos por Córdoba para con el Foro de Intendentes Radicales notoria, que si hoy hubiera estado vivo De la Sota eso no ocurriría”, concluyó Biner, haciendo alusión al acercamiento del Gobierno provincial con las políticas kirchneristas. Otro que expresó su furia contra el Gobierno de Schiaretti fue el intendente de la ciudad de Río Tercero, Marcos Ferrer (UCR). Ferrer ya había sido protagonista de la noticia cuando habilitó de hecho las fiestas de egresados al darse cuenta que Río Cuarto las había habilitado sin reprimendas del Gobierno provincial.
Aquella ocasión propició la intervención del ministro de Salud de la provincia de Córdoba, Diego Cardozo. Río Tercero es otra ciudad importante de Córdoba, ubicada a unos 115 kilómetros al sur de la capital cordobesa.
En esta oportunidad Ferrer dijo estar “sorprendido y enojado por el fundamento de la medida, que es el riesgo de contagio”. “Todos sabemos que se hacen eventos clandestinos que convocan a muchísima gente”, remarcó Ferrer, reconociendo la problemática de las fiestas ilegales.
En Río Tercero, Río Cuarto y San Francisco, ya había comenzado a funcionar un protocolo nocturno, que incluso había sido diseñado para la contención de las fiestas clandestinas. Estos municipios habían destinado espacios abiertos que funcionarían durante las noches del 24 y 31, bajo protocolos estrictos, pero la idea quedó descartada con las prohibiciones.
Sin tunga tunga
Otra variante del sector nocturno que sufrió con el anuncio de Alberto Fernández son los bailes de cuarteto. La industria del cuarteto es una de las más grandes a nivel cultural en nuestro país.
Como pocos espectáculos, el cuarteto se ha transformado en una costumbre, fin de semana a fin de semana. Cada artista o conjunto se apropia de un escenario, de un público y brinda religiosamente el mismo espectáculo, tal como lo es un equipo de fútbol o una marca de autos de carreras en nuestro país.
El fiel ejemplo de ello es el de Carlos “la Mona” Jiménez, el ícono del cuarteto que se presentaba absolutamente todos los viernes a dar su tradicional baile en el estadio “Sargento Cabral”, ubicado en la ciudad de Córdoba. Pero esas maratónicas presentaciones se vieron interrumpidas por primera vez en la historia del género debido al coronavirus.
Así, los cuarteteros se tuvieron que reinventar para mantener a su público y debieron volcarse a las redes, ofreciendo bailes virtuales para que la gente disfrute desde su casa. En los últimos días, una luz de esperanza se encendió para esta industria, cuando se conoció la noticia de que había gestiones para que los bailes regresaran de manera presencial y limitada, algo por lo que los artistas y los cientos de trabajadores que estos emplean vienen trabajando hace tiempo.
El Gobierno provincial admitió la existencia de estas gestiones que llegaron a estar muy avanzadas y con protocolos armados, gracias a la descompresión de la situación sanitaria. Pero esa luz se apagó luego de que se conociese la adhesión de la provincia cordobesa al DNU de Alberto Fernández.
De este modo las negociaciones quedaron truncas, algo que despertó el enojo de los cuarteteros. "Estábamos muy entusiasmados y recibimos una llamada del Gobierno que se había caído todo", expresó Roberto Moyano, un empresario del cuarteto, a Canal 10 de Córdoba.
Cabe destacar que antes de la pandemia, el género movía unas 500 mil personas por fin de semana, sin contar los bailes realizados entre semana. Con la entrada pre pandemia a un promedio de 300 pesos y 20 bailes por sábado en la ciudad, las pérdidas rondarían los 70 millones de pesos (en un solo fin de semana), con unas 200 personas empleadas en promedio por cada espectáculo.
Desde el sector están expectantes a ver si pueden trasladar los espectáculos a los teatros que ya están habilitados, aunque reconocen que no sería lo mismo por el caudal de público (habían planeado bailes de 1500 personas).