Los sellos del FCS le abrían la alternativa de fichar en distintas opciones nacionales con el triunfo provincial ya en el buche. La racha, como se sabe, se les cortó en marzo del año pasado, cuando la Presidencia jugó decididamente a favor de un peronismo unificado.
Distintas son las circunstancias ahora, más allá de la obviedad de que en quienes están en Sarmiento y República son otros. La decisión de convocar a marzo tiene menos que ver con la lectura de la situación local que con tácticas nacionales.
En la Casa Rosada estiman que otras provincias con gobiernos adversarios, como Córdoba, podrían también desdoblar sus comicios legislativos provinciales, y pretenden compensar el impacto de eventuales derrotas con un triunfo catamarqueño.
Para primerear, la fecha sería el primer domingo de marzo, que cae el 3.
Algunos análisis locales señalan que tal vez sería más conveniente diferir la pulseada con los radicales hasta octubre, lo que daría tiempo para terminar obras que, por distintos motivos, no pudieron cerrarse este año y no estarán listas para marzo. También subrayan que los comicios se harían en la salida de un verano que anticipan complejo por la precariedad de los servicios públicos.
Sin embargo, aparte del estrecho espacio que hay para jugar al margen de las decisiones de la Casa Rosada, también se esgrimen factores locales para abonar la conveniencia del desdoblamiento: el gobierno catamarqueño contaría en marzo con el apoyo pleno y exclusivo de la Nación, que en octubre ya tendrá que atender otros frentes de mayor envergadura demográfica, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, cuyo peso se incrementa aún más por lo repartidas y desfavorables para el kirchnerismo que son las preferencias en otras provincias grandes como Córdoba y Santa Fe.
La representación catamarqueña en la Cámara de Diputados -en octubre del año que viene se renovarán tres bancas- carece de incidencia frente a la de distritos como el bonaerense, y no se renuevan las tres poltronas catamarqueñas del Senado.
La atención del Gobierno nacional estará puesta en las jurisdicciones con mayor número de diputados nacionales y que eligen senadores, para fortalecer la representación parlamentaria en los últimos dos años de Cristina Kirchner. Y eso sin considerar la apuesta a la re-reelección de Cristina, que reflotará con fuerza si los resultados dan aire a un intento de reforma constitucional.
Marzo, entonces. El Gobierno local tendrá oportunidad allí de auscultar el humor electoral dos años después de los comicios que le dieron el poder en 2011, con el triunfo "por un hocico" de apenas siete mil votos sobre el FCS. Apuesta a arrebatar la mayoría que la oposición todavía retiene en el Senado y a liberarse de la dependencia que tiene de los aliados circunstanciales -transfugados desde el FCS- para llegar al quórum propio en la Cámara baja.
A la oposición tampoco le disgusta el desdoblamiento: cuentan a su vez con que actores nacionales opositores al kirchnerismo les brinden apoyo en un escenario proselitista que se plantearía, otra vez, como prefiguración de octubre. Aunque en su caso, a diferencia del Gobierno, tales respaldos dependan de lo que vayan marcando las encuestas