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Amigo/enemigo en San Carlos de Bariloche

En Río Negro, la provincia se ha agitado intensamente desde la muerte de quien era el gobernador, Carlos Soria, y las diferencias entre quienes era vicegobernador y entonces asumió como gobernador, Alberto Weretilneck, un personaje para nada preparado para su función, y el PJ liderado por el senador nacional Miguel Pichetto. La división del oficialismo es la norma. En el caso de San Carlos de Bariloche, el deterioro viene de antes. La postal para el turista no es la realidad. Sucesivas gestiones han deteriorado a la localidad, e iniciado una división que ya es muy preocupante.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Interesante releer un testimonio que envió el atento lector Germán Berizzo, desde San Carlos de Bariloche, tan preocupado por la intolerancia K en la mañana del viernes 09/11:
 
"La mañana del jueves #8N, cuando el camión se estacionó en la plaza del Centro Cívico de Bariloche y de él comenzaron a aparecer los caños para armar el escenario, la cosa quedó clara: Habría acciones para impedir el acto. Cuando aparecieron los carteles de la Fiesta de la Tradición, los mas confiados pensamos que estarían armando para el viernes 09/11, pero no: A eso de la 19:00 comenzó a surgir la música desde los parlantes y los cantantes y bailarines aparecieron en el escenario. Pero, a medida que los caceroleros fueron llegando a la plaza, el contrapunto entre ambos bandos se fue haciendo cada vez más ruidoso hasta que los pocos tradicionalistas que estaban dentro y fuera del escenario tuvieron que desistir del acto, no sin quejarse agriamente invocando una “falta de respeto” a la tradición. A los pocos minutos la plaza se colmó y los parlantes fueron bajados y guardados. Obviamente hubo algunos excesos desde ambos bandos, pero nada grave ni serio.
 
Hasta ahí, lo previsible. Intento de los sectores K de copar la plaza, amplia superación numérica de los caceroleros que con su bochinche superaron en varios decibeles al excelente array que habían instalado los sonidistas del acto (Se escuchaba realmente lindo).
 
Con la plaza tomada por los "lectores de Clarín", los sectores tradicionalistas se fueron retirando y mascullando su bronca. Luego, Himno, marcha por las calles y vuelta a las casas.
 
Y llegó el viernes 9. Y siguieron llegando verdaderos tradicionalistas, con sus hijitos vestidos de gauchito y las danzas y cantos ensayados para subir al escenario para brindar su genuino arte y amor por lo nuestro. Pero no pudieron. Otra vez los sectores K en la plaza. (...)  No dejaron subir a los chiquitos que no entendían nada de lo que pasaba, por “cuestiones de organización”. Y también quedaron afuera muchos paisanos con sus ganas frustradas por la insolencia de estos pseudo-políticos berreta, inútiles inclusive hasta para frustrar un acto, pese a contar con toda la logística que el dinero de los contribuyentes brinda. Lo único positivo de esta vergüenza vivida es que los tradicionalistas, seguramente históricos votantes cautivos K, se fueron de la plaza maldiciendo a estos inventores de la historia, falsos autóctonos y comerciantes de la ocupación ilegal de tierras y, obviamente, al gobierno de su majestad.
 
Magro resultado. Plaza no copada y pérdida de votos a granel. (...)".
 
Finalmente, por la magnitud del escándalo, se autorizó el acto tradicionalista.
 
Pero la anécdota permite introducir la nota de Alicia Miller en el diario Río Negro acerca de qué está sucediendo en San Carlos de Bariloche:
 
 
"Durante todo el año, el gobierno provincial atrajo la atención pública en Río Negro por las dificultades que tuvo el gobernador Alberto Weretilneck para maniobrar en la administración que tuvo que asumir y por su condición de socio minoritario de una alianza electoral liderada desde lo político por el Partido Justicialista.
 
Los municipios, mayoritariamente bajo gobiernos del Frente para la Victoria, se acomodaron –en términos generales– de mejor manera que el Ejecutivo provincial.
 
Hoy, después de una nueva reorganización de su gabinete, el gobernador advierte que su contacto con varias de esas administraciones municipales le exigirá más que las visitas para aniversarios e inauguraciones que ha realizado hasta el momento.
 
Si bien la mayoría no enfrenta dificultades severas, varias son, por causas diversas, motivo de inquietud. En Río Colorado, Mario Pilotti enfrenta dificultades por su manejo del gasto público y por la existencia de una oposición relativamente más organizada. En Cipolletti, Mario Baratti no logra darle a su gestión la agilidad que reclaman los problemas de la ciudad, y el propio gobernador suma fastidio por ello. Cinco Saltos y Allen manejan niveles comparables de conflictividad, mientras que Sierra Grande ha dado muestras de tener una problemática política particular, a la cual se atribuyen varios atentados no esclarecidos.
 
No obstante, es Bariloche la que más preocupa. Es la ciudad con mayor cantidad de habitantes de la provincia. También la que registra un índice más notorio de desigualdades sociales, con amplios sectores con necesidades básicas insatisfechas, lo que se acentúa en invierno. Ha sido castigada por varias crisis, tales como varios años con escasa nieve seguidos por la dramática acumulación de cenizas del volcán Puyehue.
 
Esos aspectos determinaron que, ya para la anterior gestión, fuera identificada como un área de máxima preocupación, junto con la pauperizada Región Sur.
 
En ese caldo, los desaciertos y contramarchas del controversial intendente Omar Goye aportan una temperatura social que amenaza convertirse en tormenta.
 
En lo político, Bariloche ha resultado singular y difícil para las fuerzas políticas provinciales. Con frecuencia, su comportamiento electoral no ha seguido las tendencias mayoritarias en la provincia. Y hoy, varias circunstancias dan muestra de la ausencia de liderazgo. Una situación que suma problemas y carencia de herramientas para resolverlos.
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Goye llegó a la intendencia después de ganarle en elección interna del justicialismo al candidato que respaldaban Miguel Pichetto y Carlos Soria. En gran medida, su personalidad impidió allí la conformación local del Frente para la Victoria. Y el partido del gobernador, el Frente Grande, es allí su principal oposición, liderado en el Concejo Deliberante por Carlos Valeri.
 
A pesar de sus diferencias, el principal soporte político del expresidente de la Cooperativa Eléctrica fue en los últimos meses el senador Miguel Pichetto, sobre todo por su propia necesidad de conservar el predicamento que construyó durante años entre el empresariado y los sectores medios de la principal ciudad de la provincia.
 
Hoy el municipio vive una división interna feroz, aun entre los dirigentes que llegaron allí de la mano del actual intendente. Desarrollo Social se ve desbordado por los pedidos de soluciones habitacionales, de empleo y alimenticias. La relación con el gremio Soyem es mala, por asuntos laborales y por una deuda importante que la comuna no está en condiciones de saldar. Esta semana renunció el segundo secretario de Gobierno desde que asumió Goye, quien registra un seguro récord en el cómputo de anuncios, designaciones y proyectos en los cuales dio marcha atrás.
 
Así, el intendente barilochense no les da respiro ni al senador ni al gobernador.
 
Weretilneck parece haber comprendido que, le guste o no, si a Goye le va mal, el resultado para su propia gestión no podrá ser otra cosa que perdidoso.
 
Y se ha dispuesto a incursionar en la zona, con una postura llamativamente sin confrontación con Pichetto. En esa ciudad fue que anunció que daba por cerrada la etapa de diferencias con el senador, para quien ya corre el tiempo de descuento con vistas a aspirar a ser reelecto en su banca nacional.
 
Sea por la preocupación por lo que podría suceder si nadie atiende los conflictos abiertos o por afán de fortalecer allí la fuerza política de su partido –limitada a algunas áreas institucionales pero lejos de tener un peso territorial determinante–, Weretilneck acudió la pasada semana a formular fuertes anuncios de obras y respaldo a los proyectos más sentidos por la ciudad. Aun así, varias son las iniciativas que se han visto postergadas, como la segunda etapa del hospital y la construcción del "hospitalito" del barrio Alto.
 
Sólo dos buenas noticias depara Bariloche en estos días para la dirigencia del Frente para la Victoria. Una es la recuperación paulatina de la economía, sustentada por el motor del turismo. La otra, que el radicalismo local está tan herido y dividido que no puede capitalizar el desorden en el Deliberante ni en la sociedad.
 
En lo demás, Bariloche es hoy un dolor de cabeza para el gobierno municipal y un desafío sensible para el provincial.
 
Una ciudad con inmensos recursos humanos, intelectuales, paisajísticos y de capital, poseedora de una personalidad política singular.
 
Una ciudad que está dando muestras de tener su paciencia fatigada y aspira a que quienes fueron elegidos para gobernarla lo hagan con una mayor cuota de responsabilidad."

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