Hayes asegura que las ganancias pueden ser cuantiosas. Para ello, los "graduados" contactan a un "patrocinador", esto es, alguien que posee varios sitios pornográficos pagos.
Este "patrocinador" da al ex alumno unas cuantas fotografías que éste pueden colocar gratis en su web, a la espera de que los internautas "piquen" y acudan a la web paga del patrocinador para pagar una suscripción.
Los graduados se llevan un porcentaje cada vez que alguien se suscribe a una de estas páginas pagas.
La escuela se basa en un negocio que mueve miles de millones de dólares al año, US$ 9.000 millones según las estimaciones menos conservadoras.
La cifra es difícil de cuantificar ya que, debido a su naturaleza, el sector se compone de miles de pequeños negocios que ofrecen poca información sobre sus movimientos.
Lo que sí está claro es que, según se encarga de dejar claro la propia escuela, el negocio del sexo siempre vende, y por tanto es prácticamente inmune a las recesiones.
"Es un negocio enorme, donde se puede hacer mucho dinero", señala Sean Kaldor, analista de la consultora Nielsen. Para ello, no obstante, hay que tener pocos escrúpulos, ya que en muchas ocasiones esta industria roza, o incluso sobrepasa, los límites de la legalidad.
Este es el caso de Extreme Associates, una compañía de California, USA, que es investigada por las autoridades estadounidenses por la venta de videos violentos de contenido sexual.
Por otra parte, la pornografía es difícilmente separable del molesto correo-electrónico-basura o "spam" que, en muchas ocasiones, va a parar a los buzones de menores de edad.
Según un estudio reciente de la compañía de filtrado de páginas web N2H2, con sede en Seattle (Washington), 1,3 millón de portales sirven a 260 millones de páginas de contenido erótico, es decir, una altísima proporción de páginas electrónicas procede de una misma raíz.
Son muchos los que observan con preocupación este crecimiento por la facilidad con la que los menores pueden toparse con una web pornográfica accidentalmente, entre otros motivos.
Por su parte, la industria se defiende argumentando que este es uno de los pocos sectores rentables en Internet, que da trabajo a miles de personas y que espolea avances en la red, como innovadores sistemas de pago o banda ancha.