Más de 1.500 hombres llevaron adelante una operación que se inició sin un solo disparo y controlando las unidades estratégicas de la Fuerza. La represión ordenada por el gobierno y ejecutada por las fuerzas “leales” y francotiradores, sofocó el alzamiento, dejando varias bajas y destrozos.
¿Por qué se llegó al 3 de diciembre?
Se llegó porque el sector nacional del Ejército fue el primero que advirtió la traición de Carlos Menem y la entrega de la Nación en su soberanía real a los dictados del presidente George Bush y a la Corona inglesa. Con el primero, luego de su viaje a USA y con los ingleses, cuando firmó los Acuerdos de Madrid en 1989 y 1990. Los Acuerdos de Madrid de Menem/Cavallo con Inglaterra, del 17 al 29 de octubre de 1989 y su complemento del 15 de febrero de 1990, significaron la capitulación y sumisión al usurpador y el reconocimiento de un vergonzoso “paraguas de soberanía”. Por ese “paraguas”, Argentina desde 1990 debía informar todo movimiento terrestre, marítimo y aéreo de tropas a Inglaterra, quien en la práctica los autorizaba y monitoreaba.
En el año y medio de su primer gobierno, Menem confirmó la rendición incondicional de la República, poniendo en marcha y ejecutando el plan de desnaturalización y destrucción de las FFAA y FFSS acordado con USA y Gran Bretaña. Ese plan consistió en eliminar a los mandos más calificados del Ejército identificados con la Causa Nacional, y el desmantelamiento de una gran cantidad de unidades militares desplegadas, especialmente, en el interior del país. Así se materializaba la destrucción del Sistema de Defensa, lo que llevó al país a caer en la indefensión. La Nación se debilitó su columna vertebral, la que sostiene al Estado frente a la inseguridad y disgregación interior, y contra las apetencias exteriores.
Antes de asumir Menem al gobierno, había prometido llevar adelante el “Proyecto de Defensa del Gobierno Nacional” que se apoyaba en un concepto fundamental: toda Nación que posea riquezas en su territorio; que cuente con capacidad intelectual y tecnológica como para desarrollar su potencial, y voluntad para llevarlo a cabo, debe saber que será objeto de intereses, injerencias, apetencias y agresiones, sean estas ejecutadas desde afuera, o promovidas dentro de su territorio. Ante esas contingencias se debe preparar y defender.
Hacia fines de 1990, Menem ya había arriado todas las banderas y símbolos con los que se ganó la confianza y el voto popular, pero para lograr el cambio de rumbo que se le había impuesto, debía primero desguazar a las Fuerzas Armadas, y lo hizo. Ante eso nos sublevamos.
A 20 años del 3 Dic 1990, quienes promovimos y participamos de aquellos hechos; quienes pagamos con el exilio, la cárcel y la vida nuestro pronunciamiento, decimos que fue el último grito ante la destrucción de la Nación en sus instituciones fundamentales:
-- ante el estado de indefensión e inseguridad al que estaba siendo llevada la Patria y que hoy se materializa con la incapacidad del Estado para contener el avance de la droga y la narcodelincuencia; la proliferación de delitos perpetrados con inusual crueldad y ensañamiento;
--ante la claudicación moral y en su honor nacional, por la rendición incondicional a la que fuimos sometidos y que también hoy subsiste y se potencia con la corrupción enquistada en los niveles más altos de la República; y en la conducción política en general; en los empresarios, gremios, etc.
Ninguno de los que participamos tenía aspiraciones o apetencias personales. Todos nos hicimos responsables de los actos que protagonizamos, y así cumplimos las condenas y sus consecuencias, por duras que ellas fueron. Todos respondimos al mandato Sanmartiniano de que “Cuando la Patria está en peligro, todo es lícito, menos dejarla perecer”
Recordamos en este día a quienes cayeron en esa jornada y pedimos por su eterno descanso, y por la Patria, a la que consagramos nuestras vidas.