El otro integrante del grupo íntimo de Menem que dio un paso al costado fue Eduardo Bauzá, aunque en su caso hay que rescatar que, en forma permanente, reclama desde hace meses que el ex Presidente renueve su plantel de colaboradores.
Bauzá se encuentra muy mermado físicamente y reconoce que para lo que serán las tres próximas semanas él no se encuentra en condiciones.
Kohan y Bauzá han rivalizado en forma permanente cerca de Menem.
Debe recordarse que en 1988, cuando Menem le ganó la interna justicialista a Antonio Cafiero, su jefe de campaña fue Julio Mera Figueroa.
Durante el verano, en la ciudad de Mar del Plata, Alberto Kohan y Carlos Grosso, le arrebataron la conducción a Mera Figueroa; y, tal como el ex intendente porteño se lo recuerda en sus tertulias a la periodista Carina Alonso Piñeiro, que escribe la biografía de Grosso, éste y Kohan fueron los jefes de campaña en los comicios de 1989.
Kohan y Bauzá llevaron la voz cantante en 1995, para la reelección, aunque tenían su propio rol tanto Luis Barrionuevo, el artífice del Pacto de Olivos, como Domingo Cavallo, que aún era ministro de Economía.
Pero ese esquema entró en crisis desde el inicio del proselitismo 2003 de Menem, y el gobernador de Salta y compañero de fórmula, Juan Carlos Romero, calló durante meses sus cuestionamientos a una figura muy limitada desde lo político y desde lo organizativo como es Kohan.
Lo ocurrido en el hotel Presidente, en la noche del lunes, es un triunfo de Romero, quien reclama una apertura de Menem, en especial a los caudillos peronistas del interior, para articular alianzas que dobleguen la red tejida por Eduardo Duhalde y Juan Carlos Mazzon para Kirchner.
Los prominentes banqueros y ex banqueros que rodean a Romero, estuvieron de acuerdo con los cambios y la nueva estrategia que, se supone, debería suponer una ofensiva a partir de hoy martes de parte de Menem.
A propósito de Romero, es curioso que teniendo peso propio y una buena reputación, haya jugado un rol tan secundario cuando Daniel Scioli ha pesado en forma decisiva en el proselitismo de Kirchner.
Así, el menemismo se prepara para intentar un audaz y desesperado cambio que le impida el descalabro que le auguran casi todos los encuestadores.