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Diego Torres, un grande: en Viña del Mar le llevaron 7 chicas a la habitación

El diario La Tercera, de Santiago de Chile, publicó algunas anécdotas de la edición del festival de Viña del Mar... y el cantautor de Color Esperanza parece que aprovecha que Angie Cepeda sigue en New York... (www.holahoy.com/internet.nsf/All/pg048566.htm)

POR CRISTIÁN FARIAS (*)

"¡Nos va a violar!", gritan las camareras del Hotel O'Higgins y corren por los pasillos ante la llegada de Charly García.

"Es que leímos que no sé en qué hotel violó a una niña", cuentan, mientras en la pista de la discoteca del Casino todavía quedan recuerdos de la noche más intensa de todas con el tenista Fernando González, "arrinconando a una y varias chicas, haciendo cosas con ellas que mejor no contarlas, igual que Nicolás Massú, que andaba con él. Era como una película española hot", dice uno de los testigos.

Y Vanessa Miller llega al bar del hotel a beberse la pena; y en la disco, nuevamente y a las cuatro de la mañana, otro apasionado, el argentino Diego Torres, se encierra con seis o siete mujeres vestidas de rojo y con las piernas y la cintura y todo lo demás tan ceñido en tela de plástico, que apenas respiran; el sol está por aparecer y suena "music, come together".

"Hasta le pegaron al administrador del local, en el VIP los invitados tenían sexo y los guardias no sabían qué hacer y el trago oficial era ron con Battery", cuenta un testigo de la noches de furia y pasión festivalera de los artistas invitados al Festival en la discoteca del Casino, La Ovo.

Diego Torres no quería que nadie se le acercara "y su asistente pidió siete mujeres regias para que se las subieran y ahí se quedó hasta el amanecer"; Ricardo Montaner hizo de la suyas la última noche, "totalmente loco, hasta que le dio calor y se sacó la camisa y con ese pelo mal teñido se veía pésimo"; Daniella Campos dejó plantados a los organizadores "y se fue a otra fiesta, a una bodega de Valparaíso con uno de los Yarur"; el cirujano plástico José Zarhi llegaba a las cuatro de la madrugada con los ojos bien abiertos para mirar a un par de mujeres de pies a cabeza; Juanito Yarur entraba con cara de desesparado, faltando poco para que saliera el sol, con una amiga morena, la camisa abierta y las ganas de bailar, de bailar solo.

Rodrigo Danús, el ex manager de Cecilia Bolocco, paseaba su amor con Carola Julio, la ex amiga de Titi Ahubert; y sobre el escenario un par de lesbianas aparecian a las tres AM, con una pollera totalmente transparente, pero completamente transparente, se tocaban y ponían caras de película porno, mientras Canal 13 de Santiago las transmitía en directo, a través de su especial de trasnoche, After Hours.

En el VIP "pasaba de todo. Tanto que un día llegó un guardia desesperado a contarle al admistrador que había una tipa teniendo relaciones íntimas con un invitado y el guardia no sabía qué hacer".

Fernando González, el tenista, pasaba de una chica a otra y a otra en su jornada de juerga, "y se encariñó tanto con una que daba hasta vergüenza mirar las cosas que hacían, porque las manos paseaban y esta niña estaba como en éxtasis y González bebía y tenía los ojos desorbitados, como salido de una jaula", recuerda una fuente que se pasó todas las jornadas festivaleras en la Ovo, siguiendo con una cámara televisiva a los fiesteros, y a Nicolás Massú "haciendo lo mismo que González".

Charly García llegaba con 20 invitados, pedía dos cajas de champaña y una caja de whisky y le decían que no y se iba, y hasta Iván Nuñez, el conductor de El Termómetro de Chilevisión, se retorcía con Madonna y con Chemical Brothers.

La moda eran las peleas. La de Gonzalo Valenzuela, que estaba con la guionista de la teleserie que protagoniza, Machos de Canal 13, y con María José Prieto sin Cristián Campos y el resto de sus compañeros bailando a lo loco, hasta que el marino le estrelló el vaso en la cara y "no me cuerdo de nada, sólo de la sangre, que caía sobre mi pollera, sobre la cara de todos nosotros", como recuerda una de las amigos. "También le dieron una paliza a uno de los encargados de la disco, y nadie se daba cuenta", sigue otro trasnochador.

Miguel Piñera vivía en la barra del bar, de 12:00 a 2:00, de 2:00 a 4:00, como una estatua, con la sonrisa pegada a la boina y la boina pegada a ese pelo escaso, mientras su novia, la argentina María Belén Hidalgo, lanzaba frases "divertidas" como: "Ay, este pantalón me lo compré en el rincón infantil de Falabella... Qué divertido, ¿no?" Mucho. Muy divertido.

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(*) Publicado por La Tercera, de Santiago de Chile.

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