Genéricos vs. laboratorios: la otra guerra sucia
Quiero compartir con todos una experiencia que por milagro no terminó en una tragedia y que también podría ocurrirle a ustedes en cualquier momento.

Quiero compartir con todos una experiencia que por milagro no terminó en una tragedia y que también podría ocurrirle a ustedes en cualquier momento.
Me llamo María Teresa Jiménez, tengo 35 años y soy madre de tres hijos. El menor, llamado Martín, hace dos semanas comenzó a levantar mucha fiebre y tuve que ir de urgencia a una salita de guardia. El médico que me atendió, apenas le hizo unos exámenes, determinó que padecía de una fuerte infección urinaria. Me recetó entonces un antibiótico, de un laboratorio muy conocido.
Cuando llegué a la farmacia más cercana y al constatar que había otros más baratos, cometí el tremendo error de dejarme asesorar por el despachante.
Según el vendedor, se trataba de un remedio genérico que tenía los mismos componentes que los de marca y, además de accesible, era igualmente efectivo.
Pasaron dos o tres de días y Martín no mejoraba. Hasta que nuestro médico de cabecera le realizó nuevamente otros exámenes y con gran preocupación, me manifestó que se trataba de una Pielonefritis, nada menos que una tremenda infección en los riñones que de no ser tratada a tiempo, puede ocasionarle
hasta la pérdida de estos órganos.
Gracias a Dios, Martín fue salvado a tiempo. Unos días más y tal vez el final de esta historia hubiera sido otro. Pero la conclusión a la que llego y que quisiera compartir con todos ustedes es que no se dejen engañar con este tipo de medicamentos, denominados genéricos, ya que el único que está capacitado para recomendar un buen remedio es un médico y jamás un farmacéutico.
Sé que suena muy duro pero esto, además de ser una verdadera estafa, es lucrar con la salud de la gente. Porque lo que me pasó a mí podría ocurrirle a cualquier otro que tal vez no tenga la misma suerte que tuvo mi hijo.
María Teresa Jiménez