Valeria Perasso escribió, en la web de la BBC:
"Redes inextricables de dinero y poder, de corrupción y connivencia, de esclavitud y dominación. Según Naciones Unidas, la trata es el tercer comercio ilegal global después del narcotráfico y la venta de armas. Y va en aumento.
Para revertirlo, el Congreso argentino debate cómo modificar la vigente Ley de Prevención y Sanción de la Trata de Personas, que no por nueva –fue sancionada en abril de 2008- parece estar a tono con la época, según denuncian organizaciones no gubernamentales que trabajan en la materia.
El debate incluye una propuesta polémica: sancionar el consumo de prostitución como un modo de frenar la captación forzada de mujeres. Más precisamente, penalizar a los clientes que entreguen "dinero o bienes" a cambio de servicios sexuales.
El respaldo a la medida no es de orden moral, dicen sus responsables, sino una cuestión de mercado.
"Si no existiese quién pagase no habría prostitución, y si no existiese prostitución no habría trata. La trata es simplemente una consecuencia de la falta de oferta ante una demanda creciente", señala a BBC Mundo Viviana Caminos, coordinadora de la Red Alto al Tráfico y la Trata (RATT).
En el país, la práctica de la prostitución no es ilegal si se ejerce a título individual. Pero sí está penado el beneficio comercial por parte de terceros y, aunque prostitución y trata no son la misma cosa, una no existiría sin la otra.
El caso de Soledad
Soledad, la joven del video, tiene 19 años y una larga historia de violencia sexual. Nació en Santiago del Estero, una provincia del noroeste de Argentina, y fue abusada por su padrastro, quien le contagió sífilis y la dejó embarazada cuando tenía apenas 14.
Apenas dio a luz a una niña, viajó a Buenos Aires para tratarse y para escapar.
Sin casa, empleo ni parientes que le dieran la bienvenida en la ciudad, Soledad cargó a su hija por hogares de menores y centros de asistencia. Hasta que un día vio el aviso en el periódico: una agencia ofrecía empleo temporario de limpieza en sitios como hoteles, hospitales, cines y bingos.
En la entrevista de selección descubrió la verdad: allí funcionaba un prostíbulo. La golpearon y la encerraron, para llevarla unas horas más tarde a un "privado" en pleno centro porteño, donde con otra decena de chicas -paraguayas, dominicanas, bolivianas y argentinas- bajo los efectos de las drogas y el alcohol, recibía un desfile incesante de clientes en jornadas de más de 20 horas.
De un "privado" –como llaman aquí a los prostíbulos- pasó a varios más, todos de los mismos dueños. A Soledad y a sus compañeras las trasladaban para que los clientes no se encariñaran y ellas no pudieran revelarles entre sábanas su peor secreto: que estaban allí secuestradas.
Ella estuvo así casi un año, moviéndose entre cinco prostíbulos de la zona comercial y financiera de la capital argentina.
A su hija la vio recién después de 8 meses: sus captores la habían llevaron a cargo de una niñera, contratada por los mismos proxenetas para cuidar a los menores y para que las madres pudieran trabajar a tiempo completo.
A Soledad la dejaban ir a verla a veces durante las horas del día, siempre acompañada por un custodio de la red para que no pudiera escapar.
El 1 de diciembre de 2009 logró salir, aprovechando que la recepcionista del lugar esteba recién llegada y todavía no entendía bien las reglas del encierro. La convenció de que tenía permiso para ir a ver a su hija, a la que raudamente fue a buscar a casa de la cuidadora y, con ella en brazos, huyó.
Le dieron refugio en un comedor comunitario, mientras esperaba ayuda económica y psicológica de las autoridades argentinas para volver a empezar. Unos días después de la entrevista con BBC Mundo, los responsables del albergue denunciaron que había vuelto a desaparecer.