La diferencia se vio en que Independiente sí sintió el golpe del empate y no se pudo levantar y Godoy Cruz, con un olfato asesino, atacó la yugular del Diablo y por intermedio de Ariel Rojas se puso en ventaja y se fue el vestuario más tranquilo, mientras que Independiente era una manojo de dudas.
Las ilusiones de Independiente se renovaron en el complemento y en los primeros instantes estuvo cerca de convertir. De arranque fue Patricio Rodríguez el que estrelló su remate en el palo y luego un tiro libre de Gracián que hizo confundir a varios que gritaron un gol que no fue.
Toda esa energía que parecía transmitir el Rojo se hizo añicos a los 11 minutos, tras una mala salida desde el arco de Navarro. El arquero sacó desde su valla y la pelota fue al cuerpo de un rival que habilitó de cabeza a Rubén Ramírez para que el atacante definiera por encima del guardameta.
El desconcierto era total: la gente insultaba a los jugadores y el nerviosismo hacía que se intentara desde lejos, ya sin ideas claras. Un nuevo cabezazo de Castillo desviado y un remate del ingresado Matías De Federico sin éxito también dejaban en claro que no era la noche de los de Avellaneda.
Los mendocinos manejaron los tiempos, pudieron haber decretado una goleada con un frentazo de Leonardo Sigali que dio en el travesaño y un mano a mano de Diego Villar que no pudo concretar. El cierre del encuentro se dio con el festejo del público visitante y la ira de los hinchas locales.