Polonio 210, una bomba atómica dentro del cuerpo
La escasa popularidad de esta sustancia se debe a sus pocas aplicaciones prácticas y al complejo proceso de fabricación para obtenerlo. De hecho, pocos laboratorios en el mundo pueden generar Polonio 210 (210Po). Este isótopo radioactivo es de origen natural y se obtiene desintegrando uranio 238. Su descubrimiento se remonta a 1898, cuando Marie Curie obtuvo por primera vez este compuesto.
Hasta hoy, nunca se había utilizado esta sustancia como arma mortal. Muchas personalidades han sido envenenadas con diversos elementos, como el talio, ántrax, cianuro, cadmio, etc. ¿Pero por qué los ejecutores de Litvinenko se decantaron por el sofisticado Polonio 210? A la respuesta tal vez nunca se llegue, observando la complejidad de la trama del asesinato. Aunque sí se pueden descubrir algunas pistas proporcionadas por las cualidades intrínsecas del Polonio 210.
La vida de este componente, su capacidad mortífera, es muy limitada y alcanza una media de 138 días. Para comprender mejor su utilización se debe entender antes el proceso de elaboración. Así, al conocerse el envenenamiento de Litvinenko y el modus operandi, los investigadores británicos no dudaron en pensar en los servicios secretos rusos (FSB). Tanto el comprometido pasado del ex-agente del KGB como el intruso detectado en su cuerpo señalaban al FSB como posible culpable.
El Polonio 210 se obtiene por medio de un reactor nuclear que ataca con neutrones a una partícula de bismuto-209. Tales equipos no se encuentran al alcance de cualquiera. Los laboratorios que brindan esas posibilidades guardan un acceso muy restringido y la gran mayoría de los mismos se localizan en la antigua URSS y en Estados Unidos. Pocos más existen en otras potencias, como Alemania, Reino Unido, Francia o Japón.
Una vez que se consigue el 210Po, gracias a la descomposición del Bismuto-210 en Talio-206 y Polonio 210, la sustancia se muestra inestable, emite partículas alfa y muere en un plazo de menos de 4 meses y medio. Un tiempo más que necesario para causar la muerte, porque la gran energía que emite hace que una cantidad inferior a medio gramo pueda alcanzar una temperatura mayor a 500 grados centígrados.
Para esto resulta indispensable, claro está, que el Polonio 210 se ingiera o aspire. Entonces la muerte será irreversible. La sustancia, casi invisible al ojo humano, ataca a todos los tejidos del cuerpo generando su destrucción lentamente y nada pueden hacer los médicos para detener esta corrosión. Las consecuencias la equiparan a una pequeña bomba atómica lanzada por las entrañas.
Los usos para los que ha valido el Polonio 210 se cuentan con los dedos de una mano. Pero poco más, su corta vida reduce su utilidad a escenarios muy puntuales y de limitada duración. Ha sido probado como disparador de armas nucleares, concretamente, como detonador de una cadena de la pila de uranio.
También se emplea, en pequeñas cantidades, mediante cepillos para limpiar películas fotográficas con electricidad estática. Y hace algunos años se investigó su uso como posible combustible para células termonucleares, en especial como energía de satélites. Su aplicación más conocida se remonta a los rovers lunares que utilizó la URSS en viajes a la Luna en la década del 70. Los soviéticos fueron los que más experimentaron con este elemento, lo cual reafirma las sospechas de los agentes de investigación británicos (Scotland Yard) sobre su proveniencia en el caso Litvinenko.
Ahora, la muerte del ex agente abre una nueva página en la historia del Polonio 210. Es decir, ahora asentado un precedente en el inventario de venenos. Aunque los expertos no terminan de comprender su elección entre otras sustancias, porque su uso incrimina, o apunta directamente, a la FSB. Eso sí, quien la haya escogido quería asegurarse de que la muerte de la victima fuera lenta pero ineludible.
