Estas grietas y resentimientos se explican también por la interna por la sucesión de Macri, a la que a la vez sirven como insumo. El distanciamiento con Larreta/Vidal deja a Macri más libre para pensar su sucesión, en el caso de ser reelecto. A pesar de sus propias negativas, el candidato favorito del presidente parece ser Peña. De nuevo un jefe de Gabinete como preferido, igual que en la Ciudad.
La guerra sucesoria impulsó hasta ahora dos batallas. Una es la de las fechas electorales. Macri logró imponer a Vidal que unifique la elección con la Nación. Vidal debe, así, superar su miedo a que Cristina Kirchner gane la provincia como candidata a presidenta y arrastre en ese triunfo a un candidato a gobernador.
La jugada de Vidal fue reprimida por Peña y Jaime Durán Barba. El ecuatoriano hizo una presentación de gran optimismo para demostrar que no se corre riesgo alguno. Entre Larreta y Vidal se la cuestionaron. Pero, igual, aceptaron los corolarios prácticos que se derivaban de ella.
Larreta, en cambio, unifica los comicios con Macri. No sólo porque Macri está en la Capital muchísimo mejor que en la provincia, sino porque también porque le conviene competir contra un candidato asociado a la boleta de la ex presidenta. Así como para Vidal ella es un factor negativo de desequilibrio, entre los porteños la ex presidente Crsitina de Kirchner garantiza el triunfo de Cambiemos en todos los niveles.
Por otro lado, en la guerra por la sucesión de Mauricio Macri también se plantea otro escenario clave: el de la vicepresidencia. Larreta y Vidal pretenden desplazar a Gabriela Michetti, alegando inconsistencias graves como dirigente y como funcionaria, para colocar allí a una aliada muy cercana a ambos: Carolina Stanley.
El movimiento incluye reincorporar a Mario Quintana al gabinete, en el lugar que dejaría vacante Stanley. Peña resiste los cambios y arguye a favor de la continuidad de Michetti. Es posible que Macri siga la línea de Peña. Sobre todo porque Stanley tiene una vulnerabilidad imaginaria, y si se quiere injusta: es fácil sembrar en la cabeza suspicaz de Macri la idea de que detrás de ella está también un banquero que no comulga con él (y viceversa). Y que encima es amigo de Massa. Una injusticia de Macri porque también es amigo de Ramón Puerta, el amigo de Macri y embajador en España.
Otra figura importante (y aunque en retirada) que juega un rol funfamental en la sucesión de Mauricio Macri es Elisa Carrió, ya que es aliada de Larreta y Vidal.
Carrió entonces, también promueve a Stanley, pero sobre todo porque promueve a Quintana. También alienta a Stanley para bloquear una eventual postulación de Patricia Bullrich como vice. La ministra de Seguridad tiene un empuje muy agresivo en esa dirección, como advierten los ministros en el chat que comparten en Whatsapp, donde ella desafía sin cesar al jefe de Gabinete. Nadie cree que Macri quiera tener en el primer lugar de la línea sucesoria a alguien con tanta personalidad y audacia como Bullrich.
Por lo pronto, y mientras sigue la interna en Cambiemos, el oficialismo está en campaña para lograr la reelección de Mauricio Macri, y si lo logran, serán años difíciles dentro del PRO para lograr acuerdos en quién será finalmente el heredero presidencial.