En medio de las crecientes divisiones en Europa que han tensado a la Unión Europea, Macron defendió a esa institución y a las Naciones Unidas, declarando que el “espíritu de cooperación” ha “defendido el bien común del mundo”.
“Al anteponer nuestros propios intereses, sin tener en cuenta a los demás, borramos lo que una nación aprecia más y lo que la mantiene viva: sus valores morales”, dijo Macron.
Fiesta nacionalista
En tanto, en Varsovia (Polonia) se realizaba la marcha de la independencia organizada por el Gobierno ultranacionalista polaco con motivo del 100º aniversario de la independencia.
Más de 200.000 personas han asistido a la convocatoria del Ejecutivo en la que destacó la participación de los grupos de extrema derecha de Polonia, Hungría, Italia y Eslovaquia.
Miles de ciudadanos tomaron las calles del centro de la capital para recordar el 11/11/1918, cuando el país, tras el final de la 1ra. Guerra Mundial, volvió a aparecer en los mapas tras haber pasado 120 años invadido por 3 potencias que se repartieron el territorio: Rusia, el Imperio austrohúngaro y Prusia.
La manifestación fue convocada por los grupos ultras, tal como lo vienen haciendo todos los 11/11 desde 2009.
En la convocatoria de 2017 llegaron a reunir a más de 60.000 asistentes bajo el lema “Queremos a Dios”, reivindicando así la importancia del catolicismo en la identidad europea.
Sin embargo, la alcaldesa saliente de Varsovia, Hanna Gronkiewicz-Waltz, intentó prohibir la celebración de esta convocatoria 2018, alegando que no podía asegurar el orden público por la violencia de sus participantes.
Gronkiewicz-Waltz, quien pertenece al partido de la oposición Plataforma Cívica, declaró: “Varsovia ya ha sufrido bastante en su historia con el nacionalismo agresivo”.
Pero un tribunal rechazó su prohibición. El Gobierno del PiS reaccionó y comunicó que iba a ser el Ejecutivo polaco el que organizara una nueva marcha que representara a todos (y todas). Para ello tuvieron que negociar con las organizaciones radicales del país.
Pero las autoridades gubernamentales pidieron a los grupos de extrema derecha que abandonaran las proclamas xenófobas si querían participar en el evento.
El lema elegido por los neofascistas fue: “Dios, Honor y Patria”.
"La fiesta pierde su carácter festivo. Hoy se han manifestado por motivos políticos", lamentó el historiador de la universidad de Varsovia, Jan Kienewicz.
Grupos extremistas llamaron de manera peyorativa a la alcaldesa Gronkiewicz "judía".
Decenas de miembros de Jobbik, el partido político xenófobo y ultraderechista de Hungría, se congregaron antes de que el presidente de la República, Andrzej Duda, que encabezaba la marcha junto a otros miembros del Gobierno, tomara la palabra.
“Estos 100 años han sido 100 años de gloria y amistad entre polacos y húngaros”, anunció el portavoz de las Juventudes de Jobbik, Szabolcs Szale.
Uno de los momentos más tensos de la tarde ocurrió cuando los ultras empezaron a insultar y a tirar bengalas a un grupo de 200 personas pertenecientes al movimiento cívico Obywatele RP (Ciudadanos de la República) que han organizado una contramanifestación en uno de los puntos fuera del trayecto. Los contrarrevolucionarios portaban la bandera polaca, la europea y del Orgullo Gay. Estaban fuertemente custodiados por la policía por miedo a que fueran atacados por los ultras. Los extremistas les gritaban: “Dale con la hoz y el martillo a la chusma roja”.