La novedad radica en el liderazgo que ejerce en producción de azúcar, etanol y bioenergía en Brasil, con 860.000 hectáreas cultivadas y una red de más de 6.000 estaciones de servicio.
El desembarco en Argentina trae consigo, en consecuencia, un gran cambio en el mercado local de los biocombustibles, del cual ya empezó a especularse en firme desde que se escucha alrededor del nuevo secretario de Energía, Javier Iguacel, hablar de estaciones de servicio con variedad de surtidores y de precios, de modo que el usuario pueda elegir la mezcla de biocombustible a utilizar.
Para que se concrete, deberían aprobarse, por ejemplo, nuevas normativas y la adaptación de motores y maquinaria agrícola, lo mismo que se está haciendo con el transporte público en algunas plazas importantes, como Rosario, donde se le aumentó sustancialmente la cuota de combustible verde.
Iguacel acaba de integrar a directivos de la Confederación de Entidades del Comercio de los Hidrocarburos de la República Argentina (CECHA) a la mesa chica de los hidrocarburos y los interiorizó acerca de que el precio dejará de regirse por la paridad de importación, sino que las petroleras lo harán por la de exportación, retenciones mediante.
De modo que se morigera el traslado como costo de la cotización del crudo Brent, directamente vinculado a la guerra comercial que afecta a ese mercado, y encarece la prima de riesgo ante eventuales sanciones a Irán por parte de USA.
En el mercado de Londres, la variedad Brent, que es de referencia para la Argentina, registró un alza del 2,2% y se ubicó en US$ 79,06 por barril. En Nueva York, el WTI cerró con una suba del 2,5% a US$ 69,25.
Causa y efecto de las represalias, otra espada de Damocles se cierne sobre la cabeza de países altamente endeudados como el nuestro: el mayor endurecimiento monetario por parte de bancos centrales del G-4, lo cual contribuirá a agravar la volatilidad cambiaria.
Desregulación sin salida
Ergo: la fórmula argentina de incremento al público de los combustibles, que varían según el valor del crudo Brent y el tipo de cambio desde octubre de 2017 cuando el mercado pasó a ser desregulado, quedó, en consecuencia, atrapada por un juego de pinzas.
Pero, además, esta dinámica ocasiona una rueda continua de aumentos en los surtidores, ya que recicla permanentemente su incidencia en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) que significa agregar un factor autónomo a la virtual indexación del tipo de cambio que maneja in mente el mercado.
Otros factores de presión se van sumando, como el alza adicional en el biodiésel que ya derivó en una nueva suba del gasoil y se propagó por mangueras vecinas, apenas unos días después del aumento mensual de rutina. Y la corrección trimestral para arriba por IPC de los gravámenes específicos, que a fin de año representará per se más del 35%.
Frente a este panorama que gira en torno del precio de importación, Iguacel habló a los estacioneros de atenuarlo mediante una nueva matriz energética, en la cual además de ampliar el mix del oil con el bioetanol, por orden presidencial le fue asignado al GNC un mayor protagonismo dentro de la canasta de combustibles.
El titular de CECHA, Gustavo Santacruz, se mostró optimista: “Se modifica completamente el concepto para dotar al sistema de mayor transparencia”, apuntó.
Las urgencias del día, como suele suceder, repercuten en las políticas de mediano y largo plazo en ejecución. Lo recordó recientemente la directora de Relaciones Institucionales de la Universidad del Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina (UCEMA), Diana Mondino, cuando señaló que en la situación actual las compañías “no pueden pagar ni siquiera el mantenimiento (mucho menos las inversiones) y hay que olvidarse de la rentabilidad de los proyectos”.
Puso de relieve que hoy se están ofreciendo rentas extraordinarias para que el mercado resulte atractivo a los nuevos inversores, pero advirtió que “dentro de unos 5 años, esos valores probablemente serán considerados obscenos por nuestra población y se pedirá no respetar esos contratos estrafalarios”.
Algunos de los principales puntos críticos que atraviesa el sector energético argentino tienen que ver, según la experta de la UCEMA, con la financiación, la distribución de la renta (incluyendo cuánto ganan las empresas generadoras, cuál es el componente impositivo y cuál es el costo que asumen los usuarios) y el respeto o la violación de contratos. “Estos factores necesariamente deberán ser abordados en la nueva política energética que se decida llevar a cabo”, remarcó.
No es nuevo que el contexto local e internacional haya ido modificando históricamente la política energética del país. Mondino trazó así la secuencia:
-En la presidencia de Arturo Frondizi había sido anunciada la batalla por el petróleo.
-En la de Arturo Illia se renegociaron los contratos petroleros.
-Los gobiernos militares otorgaron diferentes roles a YPF e YCF (en el medio estuvo Isabel Martínez de Perón, que nadie entendió qué hizo).
-Raúl Alfonsín, con el Plan Houston, mantuvo la hegemonía de YPF, pero al menos permitió contratos y participaciones de empresas privadas.
-Carlos Menem privatizó YPF, desreguló el mercado y lo abrió a los capitales.
Le faltaron mencionar las 2 últimas etapas:
-la kirchnerista en la que se reestatizaron las acciones de YPF en poder de Repsol y se pesificó la contratación mientras se regulaban los precios y se subsidiaba el consumo;
-la macrista, de dolarización de la extracción de los hidrocarburos y desregulación de los precios una vez en gran parte recuperados en el 1er año de gestión.