Volviendo a las retenciones móviles, ni en la resolución 125 ni en el decreto 793 las cuentas venían dando tan mal en la contabilidad teórica de los productores, pero quien simbolizara entonces la resistencia del campo a los K ocupando las rutas entrerrianas vestido de gaucho y con pintura de guerra, hoy viste el traje de senador nacional, Alfredo De Angeli, y apoya las mismas retenciones para el campo que combatiera.
“No nos queda otra que acompañar, pese a estar en contra de las retenciones, porque es un impuesto distorsivo que no trae soluciones, pero lamentablemente en este marco son necesarias para ayudar al país“, expresó De Angeli en declaraciones al diario entrerriano El once.
Y exhortó a “hacer un esfuerzo entre todos los sectores“, por más que, al igual que el Presidente Macri, lo siga considerando “el impuesto más injusto que puede sufrir el hombre de campo”. Pero marche preso.
Otro de los que afirman pensar igual que antes pero con reacción distinta es el expresidente de la Federación Agraria Argentina (FAA), y vocero de aquella combativa Mesa de Enlace, Eduardo Buzzi.
Aseguró que esta vez “no estamos frente a una 125, ni todos los productores vamos a salir a cortar las rutas. La noticia es mala, pero no es tan confiscatorio como fue lo de Cristina Kirchner en 2008“, expresó en declaraciones a A24.
Con todo responsabilizó al Presidente por la panquequeada: “Macri a uno de los sectores a los que más le cumplió fue al campo. Esta es una ruptura de una palabra que se la había dado al hombre de campo, y al hombre de campo le gusta que se cumpla con la palabra“, señaló.
Más allá de matices, la tentación de darle un saque a las cuentas fiscales se repitió por derecha y por izquierda, por populistas y neoliberales, firmada por un Martin Lousteau o por un Nicolás Dujovne, bajo la inspiración de un Duhalde, Kirchner o Macri: el nuevo esquema de retenciones generará una recaudación extra de $280.000 millones durante el 2019, lo que significa 1,1 puntos del PBI.
La ruleta devaluación/inflación
La foto del día de ayer de las pizarras cambiarias a $38,50 determinaría un derecho de exportación del 10,5% para los cereales (empezando por la cosecha de trigo en ciernes) y para la soja quedaría en el 28,5%, dejando de lado el cronograma de rebajas que había quedado para el poroto luego de las anteriores medidas.
Al igual que sucediera con el esquema móvil que diseñara por el que era ministro de CFK y ahora integra la alianza oficialista, Martín Lousteau, las retenciones sazonan de adrenalina el mercado a futuro, porque en las circunstancias actuales si sube el dólar la licúan, al ser una suma fija en pesos, pero si baja en la comparación entre devaluación e inflación, el impuesto se volverá más perjudicial.
Por ejemplo si cayera a $30, tomando valores equivalentes a los actuales, las retenciones para los cereales serán superiores al 13%. Caso contrario, si llega a $40, bajará a 10%.
La letra chica del nuevo esquema anunciado ayer por el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne inquieta a las economías regionales. En la categoría de los granos, la alícuota de $4 por cada dólar del valor FOB deparó la sorpresa de que, además de los commodities agrícolas, en el club del 4×1, también están incluidos muchos otros productos, tales como:
- miel,
-hortalizas (papa, cebolla, etcétera),
-arroz, legumbres (arveja, garbanzo, porotos),
-aceitunas y
-frutas (cítricos, uvas, manzanas, peras, frutillas).
Entre los rubros seleccionados que comprenden una alícuota variable de $3 por cada dólar del valor FOB se incluyen:
-las carnes bovina, porcina y avícola,
-menudencias, sebo bovino, embutidos, lácteos, pescados,
-té, yerba mate, harina de trigo, harina de maíz, sémola, almidón, malta, maní,
-cereales para desayuno,
-jugos de frutas,
-aceite de maní, de oliva, de girasol, de maíz,
-conservas, azúcar, jarabe de glucosa, golosinas,
-pastas, panificados, levaduras,
-cerveza, vinos, alcohol etílico y
-preparaciones alimenticias para animales.
La Sociedad Rural Argentina (SRA) pasó de largo estos detalles para sintonizar su posición en grandes temas maroeconómicos, como la reducción del déficit fiscal y en darle contenido político: el campo “continuará colaborando con toda iniciativa que apunte a proyectar nuestra Nación en el sendero del desarrollo”.
El titular de la entidad, Daniel Pelegrina, conceptualizó que los derechos de exportación “son instrumentos distorsivos que desalientan la producción, la inversión, el empleo y el comercio exterior”´, como “quedó demostrado en varias oportunidades a lo largo de la historia”.
Dado que representa a los pequeños y medianos productores del todo el país, el presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA), Omar Príncipe, le bajó un cambio al encendido análisis ruralista y advirtió que nada de lo anunciado apunta a solucionar los problemas de un segmento de la producción que ya venía complicado, con falta de financiamiento, inflación y suba de tarifas, más altísimas tasas de interés.
Por el contrario, remarcó que “de acá en más habrá 2 dólares distintos, uno para pagar insumos y otro para vender, con retenciones”.
“En trigo o en maíz, habrá que restar el 10% al valor. Con un trigo ya sembrado se cambian la reglas de juego. Hay muchos que se endeudaron para sembrar maíz y se modifica el escenario”, lamentó.
Para el titular de FAA, la decisión afecta a los de menor escala y a las economías regionales, “sobre todo cuando nos ponen a todos en la misma bolsa”.
Encima, el viento pega de cola a la cotización internacional de la soja, a diferencia de hace 10 años. Los administradores de fondos de inversión que operan en el mercado de futuros CME Group profundizaron esta semana apuestas bajistas en la oleaginosa, al tiempo que mantienen un moderado optimismo en maíz.
Al martes de esta semana, la posición neta en el CME era de -54.065 contratos de soja (la más baja desde fines de enero pasado), mientras que en el caso del maíz alcanzaba los 49.178 contratos, según datos informados por la Commodity Futures Trading Commission.
La semana pasada, los precios de los contratos futuros de soja en el CME Group terminaron con alzas considerables a partir del reinicio de negociaciones entre EE.UU. y China tendientes a desactivar los daños provocados por la “guerra comercial” lanzada por la gestión del presidente Donald Trump.
Son movimientos basados en factores políticos de incierto desenlace. Los valores FOB de la soja estadounidense siguen manteniendo un descuento de 45 y 60 u$s/tonelada respecto de los precios de exportación de la soja originada en Argentina y Brasil, debido al arancel del 25% aplicado por el gobierno chino como represalia por las barreras proteccionistas implementadas por Trump contra la nación asiática a comienzos de julio pasado.